LA REVISTA CRISTIANA PARA LA MUJER DE HOY
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La mamá y el niño – Enseñando hábitos espirituales: La Creatividad

Lo opuesto a la creatividad no es el mecanicismo sino la conformidad

Este verano en mi clase de escuela dominical, con niños de edades entre 5 a 8 años, hemos comenzado a estudiar el Salmo 104 por sus hermosas descripciones de Dios, de Sus atributos y de la asombrosa creación que Él nos ha dado para disfrutar y apreciar.  Prepararme para estas lecciones me hizo reflexionar sobre el autor de tan hermoso salmo, y tantos más que escribió, y su crianza. Aunque la Biblia nos da muy pocos detalles sobre la madre de David, sabemos que en esa cultura la madre era quien más influencia tenía durante los años formativos de sus hijos, y seguramente David aprendió sobre Dios, fe y alabanza, de ella. Seguramente ella le ayudó a apreciar la naturaleza y la belleza de la creación a su alrededor, y posiblemente siendo el más pequeño pudo pasar más tiempo con ella. Sus años de juventud, trabajando largos días cuidando ovejas, pudieron ser aburridos y agobiantes, sintiéndose fastidiado por lo que sus hermanos podían hacer en vez (¡sabemos la historia de los hijos de Jacob y cómo usaron ellos su tiempo cuidando ganado!). Pero en vez de amargarse, utilizó este tiempo para cultivar una conexión más profunda con Dios, admirando lo que veía a su alrededor, creando canciones y poesías que expresaban su alabanza y asombro ante la grandeza del Dios que lo guiaba y protegía. Posiblemente, su madre no solo le instruyó en los fundamentos de la fe, sino que también le ayudó a impulsar y desplegar su creatividad.

Estimular el potencial creativo de nuestros niños no es necesariamente el establecimiento de un hábito espiritual, pero creo que les brinda una herramienta útil y necesaria para su crecimiento espiritual. Todo niño nace con el potencial de ser creativo, pero muchas veces este permanece latente o de a poco se va extinguiendo a medida que el niño crece. Esto ocurre debido a la falta de estimulación que recibe durante sus años de desarrollo, y/o por aquella estampa social que trata de forzar a todos dentro de un determinado molde.

Ser creativo es ser único, es emplear nuestra individualidad para dar novedad a nuestra vida cotidiana. La creatividad no está limitada a los ámbitos artísticos o musicales, uno puede ser creativo en cualquier actividad: en los juegos imaginativos, en la forma de resolver un problema, en la forma de saltar sobre un trampolín, en la forma de preparar una merienda… Lo opuesto a creatividad no es el mecanicismo sino la conformidad. Si como madres o padres valoramos la conformidad, el pensamiento estereotipado, y el orden constante, difícilmente estimularemos la creatividad de nuestros niños. Si en vez podemos tolerar la imperfección y los fracasos, nuestros hijos estarán más dispuestos a probar ideas nuevas y a poner en juego su individualidad. 

Algunas formas en que podemos fomentar la creatividad de nuestros hijos son: 

  1. Permitirles cierta independencia:  Hemos dicho “cierta” independencia porque no estamos hablando aquí de la falta de límites o la irresponsabilidad, sino de la independencia en las actividades relacionadas con la creatividad, que a su vez es determinada por la edad del niño. Esta independencia creativa implica dejarles hacer las cosas a su manera lo más que podamos.  Por ejemplo, cuando son pequeños debemos animarlos a crear sus propios juegos sin nuestra interferencia; al preadolescente podemos permitirle el agregar sus propios toques de decoración a su dormitorio; al adolescente podemos alentarle a preparar recetas nuevas o experimentar en la cocina, animarle a leer un devocional diario y expresar sus opiniones. . . Hay una íntima relación entre la independencia creativa y la alta autoestima, ya que para hacer públicas sus ideas o expresiones necesita una buena dosis de confianza en sí mismo, generada por nuestro amor incondicional y reconocida aprobación.
  2. Estimular su curiosidad: Para estimular la curiosidad de nuestros hijos debemos estar dispuestas a contestar sus continuos «¿Por qué…?”. A veces podemos dar vuelta a la pregunta para darles a ellos la oportunidad de resolverlo, otras veces las contestaremos; si ya saben leer bien, podemos dirigirlos a los libros adecuados, o si no hay una respuesta conocida a la pregunta, podemos proponer soluciones juntos, con ellos. Si en vez de esto ignoramos sus preguntas, le estamos enseñando indirectamente a aceptar sin cuestionar, porque ha aprendido por experiencia que sus ideas y cuestionamientos no son importantes, y así es como pierde el entusiasmo por adquirir conocimiento. La estimulación de la curiosidad no depende solamente de las preguntas del niño; nuestras preguntas también pueden activar esa fuente creativa de ideas y estas deben ser parte de nuestra comunicación o diálogo diario con ellos.
  3. Evitar rótulos: El uso de calificativos como perezoso, inteligente, desordenado, tímido, agresivo, payaso, rebelde, y aun el mayor, el menor, la más bonita, el más maduro . . . son perjudiciales en el proceso creativo, porque lo limita. Muchas veces es difícil poder librarse de este rótulo, y el niño termina aceptándolo, dejando así de actuar creativamente frente a nuevas experiencias y simplemente respondiendo en la forma en que se le ha calificado. El niño creativo puede actuar en un mismo día en varias formas distintas: agresivo, tímido, perezoso, activo, maduro en un momento e inmaduro en otro… Sin el rótulo puede experimentar formas variadas de reaccionar o actuar, porque se ve a sí mismo como capaz de expresarse dentro de una amplia gama de posibilidades en vez de restringido a una forma determinada de actuar de acuerdo con el rótulo que se le ha impuesto.
  4. Enseñarles a ser persistentes: De acuerdo con el Dr. Rollo May, la creatividad se caracteriza por una intensidad de conciencia, y el estar totalmente involucrado en su creación. Esto implica atacar un proyecto y dedicarse a este hasta agotarlo. La calidad de su persistencia es un ingrediente importante de la creatividad. Es necesario, por lo tanto, animar a nuestros hijos desde pequeños a persistir hasta resolver el problema, a no darse por vencido y a no calificar logros como imposibles: Alentemos al pequeño a terminar el rompecabezas, entusiasmemos al preadolescente a practicar consistentemente su deporte favorito . . . 
  5. Promover la imaginación y la expresión artística: La imaginación es uno de los ingredientes más importantes de la creatividad, y si no es inhibida le dará placer al individuo por el resto de su vida, aun ayudándole en su profesión o su ocupación como adulto. Los juegos imaginativos en la niñez deben ser alentados y estimulados, en vez de rodearlos de caros y elaborados juguetes, optemos por aquellos juegos que estimularán su imaginación y creatividad, tales como los bloques, la plastilina, muñecas y coches simples, marionetas . . . y no nos olvidemos de aquello que usamos diariamente, como cacerolas, cajas de distintos tamaños, cucharas, y una buena variedad de ropa y accesorios en desuso para que ellos puedan disfrazarse. En vez de dejarles pasar horas frente al televisor o sus tabletas (o nuestros teléfonos…) alentémosles a leer libros o leamos juntos como familia un capítulo por día de cuentos clásicos tales como «Heidi», o «Las Crónicas de Narnia», y por supuesto historias Bíblicas.  Introduzcámosle también al mundo de la poesía y animémoslos a crear las suyas. El aprender a temprana edad a «perderse» dentro de la lectura de un libro, es algo que le dará placer a cualquier edad. Para estimular sus expresiones artísticas necesitamos tener materiales en casa que puedan usar para dibujar, pintar, colorear, modelar… además, podemos tener cosas que puedan usar para pegar; como pedazos de tela, viejos papeles de regalo o semillas, tijeras, cosas que puedan decorar etc. A veces, podemos enseñarles distintos tipos de manualidades, pero no los limitemos diciéndoles dónde dibujar, pegar o decorar, démosles libertad para expresarse, ya que muchas veces las clases de arte en el colegio son una lista de instrucciones con poca creatividad personal, y no necesitan este tipo de «arte» en casa. Si muestran interés por lo musical, guiémosles a elegir algún instrumento que puedan aprender, o a participar en el coro o grupos musicales en la iglesia.
  6. Por último, como seguramente lo hizo la madre del salmista y rey David, ayudemos a nuestros hijos a reconocer la belleza que los rodea aun en las pequeñas cosas diarias: en aquella hoja seca, en los colores de la manzana que van a comer, en la pequeña y perfecta manita del bebé, en los colores del cielo… y así apreciar a Dios como gran pintor y creador (Salmos 104:24). Reconozcamos en ellos lo bueno y lo hermoso en su carácter y en sus cualidades espirituales tales como: su forma de mostrar cariño, su alegría, el ser agradecido, su elegancia, su cortesía, su originalidad, su consideración por otros… Al apreciar estos atributos en nuestros hijos, ellos aprenden a reconocerlos en sí mismos y en otros. 

La creatividad no implica precocidad. Todo niño tiene el potencial de ser creativo. Agreguemos a la vida familiar cotidiana una dosis diaria de estimulación creativa. Seamos apreciativas de la belleza singular de cada uno de nuestros hijos y ayudémosle a ser aquel ser único que Dios creó.

G. Elisabeth Morris de Bryant

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