LA REVISTA CRISTIANA PARA LA MUJER DE HOY
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 El matrimonio y su problemática: El sutil temor que crea el silencio…

Mucho dependerá de ti y de tu actitud…     

A veces, una llamada telefónica que sólo dura unos minutos, nos deja pensando muchas horas. La llamada llegó muy temprano, con palabras pronunciadas entre sollozos: “No puedo seguir así ni un día más. Hace nueve años que nos casamos y siempre he estado luchando para que tuviéramos una buena comunicación, pero me doy cuenta de que es muy difícil que un esposo que solamente mantiene un diálogo en lo esencial, cambie. Cuando anoche le comenté mi frustración, me contestó con voz firme: `Me casé contigo porque te amaba así como eras, y te sigo amando, pero siento que tienes necesidades que no puedo saciar´.

¿Por qué? me pregunto. ¿Por qué, si me ama, y sé que es verdad, no me comunica sus pensamientos, sus temores, sus deseos? Cuando le pregunto: `¿En qué piensas?´, su respuesta es siempre la misma: `En nada´.

Los días y los años han ido pasando, y mi corazón espera que ese silencio que forma un obstáculo entre los dos, desaparezca. Mientras él está en el trabajo, o salimos con nuestros hijos, el sentimiento de soledad no es tan notable, pero cuando los niños están en la cama, o los fines de semana cuando no tenemos planes, la soledad se apodera de mí. Es que su silencio se ha convertido en una obsesión. He leído varios libros sobre cómo mantener un buen matrimonio, he asistido a retiros… Estaba dispuesta a encontrar respuestas, pero toda la información que conseguí reforzaba mi pensamiento de que nuestra relación no era de la manera que Dios quería, que una relación sana, duradera, debía tener una buena comunicación”.

Aproveché un suspiro para pedirle que me describiera a su esposo. Comenzó diciendo: “Ama al Señor, provee para las necesidades de la familia, me ayuda en algunas cosas en la casa, juega con los niños, tenemos buenas relaciones íntimas, es muy amable y sé que haría cualquier cosa por mí, excepto comunicarse en la manera que yo necesito”.

Si preguntáramos a este hombre: “¿Tiene miedo de hablarle a su mujer?”, él contestaría rápidamente: «Por supuesto que no». Sin embargo, nos sorprendería descubrir cómo el temor en sus distintas manifestaciones se interpone entre marido y mujer, impidiendo disfrutar de esa comunicación que realmente desean. Todo ser humano quiere mantener su individualidad y, al mismo tiempo, sentirse unido a otra persona. Deseamos tener una unión estrecha con nuestro esposo, pero no ser absorbidas por él. Es como si en el mismo suspiro le dijéramos: “Apriétame, pero no demasiado”. Igual sucede con el hombre. Este acto de andar en la cuerda floja entra en acción cuando los esposos tratan de comunicarse.

A veces, nuestros intentos de unidad son torpes, y aun dolorosos, al arriesgarnos a volvernos vulnerables. Entonces nos batimos en retirada al silencio, o al aislamiento, porque así nos sentimos más seguros.

Consideraremos a continuación algunos de los mayores temores que sabotean nuestros esfuerzos de comunicación. Como estamos tratando en especial el tema del esposo no comunicativo, nuestras reflexiones se concentrarán mayormente en sus temores; pero al mismo tiempo verás que tú eres parte de la solución.

El error más común de aquellos que están casados con un cónyuge que no se comunica, es enfocar el problema en el silencio, en vez de buscar la razón del mismo.

El temor a ser juzgado o criticado

El hombre que no se comunica esconde sus temores tras su manera autoritaria, poniendo fin a la conversación, retirándose y manteniendo un obstinado silencio.

¿Cuál es su temor? Es evidente que son varios. Primero está el temor a ser juzgado o criticado.     

Este es un temor universal, pero es más profundo cuando ese posible juicio o crítica viene de parte de la mujer a quien ama y por quien desea ser admirado, porque ese amor y esa admiración significan mucho para él.

Es cierto que muchas son las parejas que se juzgan fácilmente el uno al otro, en un círculo vicioso, tratando de esconder sus propios defectos, una reacción que no lleva a ninguna solución, ya que se mantienen siempre en el mismo punto.  Qué diferente es cuando se acepta el hecho de que su cónyuge reacciona y actúa de manera distinta porque tiene una personalidad diferente que se debe descubrir y respetar.

Ese “No puedo comprenderlo” realmente significa: “No puedo comprender cómo eres tan distinto a mí en tu manera de sentir, pensar y actuar”. Cuando el esposo oye esto una y otra vez, se siente juzgado y criticado, y quizás se encierre en su caparazón de silencio o aislamiento.

El temor a ser rechazado

Cada persona sabe exactamente cómo es, conoce sus temores y sus fracasos, y es muy fácil que piense: “¿Qué diría mi mujer de mí si supiera…?”. La barrera de un posible rechazo no le permite expresar cosas negativas o dolorosas de su vida, o un problema difícil en el que está involucrado.

Nosotras, las mujeres, somos muy impacientes y prontas a agregar algún comentario antes de que la historia llegue a su fin, y aunque la intención de la esposa haya sido buena, su rápida intervención o interrupción corta la comunicación. Lo más importante en esos momentos es: escuchar con atención e interés, comprender, amar, y expresar esos sentimientos con una muestra de cariño. No son tanto las palabras como los gestos, la mirada. Los hombres son tan sensibles como las mujeres, aunque a veces lo esconden. El sabio Salomón dice: “El que refrena sus labios es prudente” (Pr.10:19).

El temor a perder su individualidad

Es natural que quiera conservar el control de su vida. Un esposo me comentó: “Ella tiene razón, no hablo. Cuando regreso a casa miro televisión o leo el periódico, y cuando ella me pregunta algo, sigo en lo mío. La razón es que cuando comparto una idea, la cuestiona. Si comento lo que pasó en la oficina y doy mi opinión, se pone del lado opuesto. Así que he decidido que es más seguro no hablar”.

En vez de esperar que él siga tu patrón de cómo pensar y responder, debes crear un clima de comunicación amigable. Verás el cambio.

El temor al conflicto

El conflicto es parte de la comunicación. Después de todo, una pareja difícilmente está de acuerdo en cada tema que tiene que discutir. Posiblemente ese sea uno de los temores del esposo no comunicativo. Quizás haya crecido en un hogar donde el padre respondía al conflicto, por más insignificante que fuera, con violencia, y ese recuerdo le hace rechazar cualquier apariencia de antagonismo.

El conflicto en un matrimonio es importante para ir conociéndose mejor e ir puliendo aquellos puntos en los cuales hay diferencias. Pero siempre hay que ir con mucho cuidado, para aprender el uno del otro sin ofenderse. En el caso del esposo no comunicativo, debes ser muy sabia, y esa sabiduría solamente puede venir de Dios, que conoce a tu esposo y sabe sus pensamientos. Ruega, pues, al Señor para que te guíe al momento y la palabra oportuna.

Para empezar, busca un problema de solución sencilla. Con el fin de que él pueda abrirse, después de comentarle el tema en forma llana y sin detalles innecesarios. Hazle preguntas acerca de las posibles soluciones, con cuidado, sin dar la impresión de que conoces más que él, sino, por el contrario, que necesitas su opinión. Escúchala, acéptala, y eso le animará a seguir adelante. Si el problema se arregla sin entrar en conflicto, la puerta de comunicación queda ya medio abierta para un nuevo encuentro. Mucho dependerá de ti y de tu actitud.     

Gloria Q. de Morris

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