¿Ha sufrido tu matrimonio un bajón espiritual?
Hablar sobre la relación en el matrimonio siempre es un tema difícil, porque la mayoría ha tenido problemas, y algunos de ellos dolorosos. Leer sobre cómo debe ser la relación en el matrimonio para que este funcione bien, puede hacerte sentir inadecuada para llevar a cabo tal empresa. Puede, también, traer a la memoria algún fracaso pasado, pero eso es parte del proceso de renovación o cura, porque es importante sacar la lección de los errores cometidos en los años de convivencia matrimonial, para que ambos cónyuges se muevan hacia una mejor relación.
Cada pareja tiene sus temas difíciles de abordar. Varias de ellas comentan que hablar sobre cosas espirituales es uno de ellos, quizás el que más les cuesta, tanto que tratan de eludirlo, reducirlo al máximo. Por otro lado, hay matrimonios para quienes los temas espirituales forman parte de la conversación diaria, pero llega un momento en que, por distintas circunstancias, tienen un bajón espiritual, quizás por estar demasiado ocupados en los negocios, la casa, falta de tiempo, cansancio, o pruebas.
Afortunadamente, el remedio a esos bajones o baches puede encontrarse en el matrimonio, ya que habitualmente es uno de los dos cónyuges el que está en ese estado, y el otro puede animarle a superarlo. Pero, ¿qué sucede cuando ambos están en la misma situación, cuando aparentemente ninguno de los dos se siente con fuerzas para ayudar al otro? Parece, entonces, que todo lo que hacen o dicen incomoda al otro aún más. Mientras tanto, ambos se alejan de Dios.
Pero, ¿cuál es la razón de estos bajones?
Tomemos el caso de Juan y Marta. Juan fue despedido de su trabajo y durante varios meses no pudo encontrar otro. Al mismo tiempo, su iglesia estaba sufriendo una división debido a diferencias doctrinales. En vez de elegir y mantenerse en el lado correcto, dejaron de asistir a las reuniones. Esta situación muestra un tipo de bajón bastante común: la desilusión con Dios. La tardanza en la respuesta a su oración y el ver la iglesia donde se sentían tan cómodos
sacudida por enfrentamientos, les llevó a pensar: “¿Vale la pena …?”.
Otro bajón típico es el de la pareja que se llena de actividades en la iglesia y fuera de ella. Tantas, que se sienten desbordados, tienen poco tiempo para estar a solas con el Señor y con ellos mismos. Quizás hablan para comentar sobre su ministerio, o algo de la Biblia, pero no comparten sus experiencias espirituales personales. El cansancio y la debilidad espiritual, les llevan a la frustración.
Una tercera categoría: el no estar dispuestos a dejar de practicar un pecado en particular, como, por ejemplo, ver vídeos o películas que no deben tener cabida en un hogar cristiano. No es una coincidencia que esos sean los momentos en que menos deseos tengan de estar en comunión con Dios en el hogar, o en la iglesia. Una mente ocupada con pensamientos del mundo es una mente propicia para caer en un bache.
Otro bajón común es el de la pareja que sólo va los domingos por la mañana a la iglesia, exclusivamente, y siempre y cuando no tengan otro compromiso.
Quizás ninguna de estas sea la causa de tus bajones espirituales, pero creo que estarás de acuerdo en que estos baches pueden aparecer como consecuencia de distintas circunstancias, si es que no llevas una vida espiritual consistente y genuina.
¿Cómo salir de estos bajones?
Si tienes esos baches seguidos, o estás pasando por uno de ellos ahora; si estás desconectada de Dios y los demás, es hora de ser honestos y dar el primer paso.
Debes admitir que el problema existe y conversar acerca del mismo con honestidad. Pero ¡cuidado! porque resulta muy fácil, cuando no se está fuerte espiritualmente, echar la culpa al esposo/a. Es muy importante no caer en el hábito de emplear “tú” en vez de “nosotros”, para así no cortar la conversación. De igual modo, es bueno recordar que el saber escuchar y hacer preguntas acertadas forma la base para una buena conversación.
Juan y Marta tuvieron que admitir que en el fondo de su desilusión, se encontraba el error que habían cometido al dejar su congregación, sabiendo muy bien la recomendación bíblica: “No dejando de reunirnos” (He.10:25), porque, como dice el Salmista, es que “allí envía Jehová bendición” (133:3) a través de los mensajes de la Palabra o el estímulo de algún hermano. Debemos esforzarnos, aunque estemos desanimadas, y yo diría, incluso, forzar a nuestro esposo también a no dejar de congregarse, porque luego será mucho más difícil volver.
No digas: “Si no quieres venir no vengas. Yo me voy”. Trata de persuadirle, y si tienes que quedarte, ocupa ese tiempo estudiando la Biblia y suplicando al Señor para que el Espíritu Santo le ayude a cambiar de actitud. Si después de una o dos semanas sigue igual, reanuda tu asistencia a la iglesia, pero comparte con él, dile cuánto aprecias su compañía y sigue suplicando y rogando.
El segundo error fue olvidar que el Señor tiene Su tiempo para contestar nuestras oraciones, y este es siempre perfecto.
La mejor protección contra un bache espiritual es pasar tiempo orando juntos en forma regular. Pero cuídate de no orar en forma horizontal en vez de vertical, o sea, empleando mal la oración para predicar a tu marido, en vez de dirigirte únicamente a Dios. Una vez que los dos han orado, terminad leyendo juntos un versículo bíblico. Sin embargo, para que haya una vida consistente de oración juntos, se debe, primero, tener el sano hábito de la oración individual.
Para la pareja hiper-activa, al punto de estar saturada, aunque sea en las cosas de Dios, hay que detenerse y evaluar cuáles de esas múltiples actividades son prioritarias, y dejar las otras para dedicar más tiempo a la vida devocional, tanto individual como de pareja. Recuerda que para tener un ministerio más efectivo ante otros, primero debemos recibir nosotros mismos. Como decía el Señor: «Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Jn. 10:9). Para poder salir y encontrar plena satisfacción, primero hay que entrar, o sea, que debe haber una dimensión de devoción personal y de pareja para poder ser luego más efectivos.
En cuanto a los que están envueltos en prácticas o actividades no convenientes para su vida espiritual, recuerda que nunca podrán salir de ese pozo si no hay un reconocimiento pleno de ese pecado, confesión del mismo, arrepentimiento sincero, y una determinación santa de dejar dicha práctica o actividad.
Tu misión
Ser una mujer de la Palabra, que piensa y actúa bíblicamente, y para quien la oración es su “hálito vital”. Ser la ayuda espiritual de tu esposo, aunque hablar de temas espirituales no te resulte fácil; el alentarlo y estimularlo será de mucho valor para él.