LA REVISTA CRISTIANA PARA LA MUJER DE HOY
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Para ti, amiga: En el momento justo y en el lugar indicado…

Amiga, es tiempo de soltar el peso… levanta tu mirada y recuerda que eres amada por Dios  

¿Te ha pasado, querida amiga, sentir que estabas justo en el lugar indicado, en el momento preciso, a tiempo, oportunamente? Estas palabras nos dicen que algo sucede de manera precisa, adecuada o exacta; a menudo con una connotación positiva.

En la Biblia leemos acerca de un encuentro entre Jesús y una mujer muy especial. En el evangelio de S. Lucas 13:10-17 encontramos a una mujer encorvada; esta condición se debía, quizás, a una afección espinal severa, la cual le impedía enderezarse. Esta realidad física significaba una vida sin horizonte, limitada a la tierra bajo sus pies, y la acompañaba desde hacía dieciocho años… una imposibilidad de levantar la cabeza para nada, nunca poder ver un amanecer, ni el rostro de con quien está hablando… De sólo pensarlo nos impacta ¿verdad? Cuando el horizonte visual de una persona se reduce drásticamente, puede suceder que su mundo interno se encoja en esa misma proporción. Su sensación de invisibilidad para lo demás se asume casi sin cuestionamiento. Tal vez esta mujer nunca imaginó que su asistencia ese día a la sinagoga tendría un final dichoso para ella.

Ese día estaba allí Jesús de Nazaret; entre la multitud y el ruido, la dinámica de la invisibilidad estaba por romperse. Y entre toda la gente Jesús la vio. Su mirada no se detuvo en la superficie, sino que encontró exactamente a quien el mundo había dejado de mirar. Lo maravilloso de esto, querida amiga, es que desde antes de nacer estamos bajo Su mirada. “Mi embrión vieron tus ojos” es un célebre texto bíblico del Salmo 139:16, escrito por el Rey David (Reina-Valera 1960), que expresa que Dios observa y conoce a cada individuo desde la concepción. El versículo continúa diciendo: «y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas». En un significado espiritual se interpreta como una afirmación de que cada vida es creada, conocida y valorada por Dios desde su etapa embrionaria en el vientre materno, con un propósito diseñado de antemano.

De la misma manera que la persona del relato bíblico fue mirada por Jesús, un día también Él nos vio a cada una de nosotras. El proceso de alivio y sanación comienza cuando Jesús valida su existencia de manera total, gratuita, sin pedir nada a cambio, sin exigirle que demuestre que quiere ser sanada, reconociendo su presencia y dolor sin exigir un peaje a cambio. Por lo cual ya no tenemos por qué estar mirando al suelo; Él se encarga de levantar nuestra mirada. En el Salmo 3:3 dice: “Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza”.

Muchas veces, nosotras también caminamos espiritualmente encorvadas por preocupaciones familiares, responsabilidades abrumadoras, heridas del pasado, miedos silenciados, expectativas no alcanzadas… Pero Jesús observa, no pasa de largo, su atención es intencional… y nos llama. En la historia referida anteriormente, Jesús no espera a que ella lo llame, sino que Él toma la iniciativa. Su propósito fue claro y directo desde un principio: sanar una vida rota y liberar una vida cautiva.

Amiga, es tiempo de soltar el peso. Deja tus cargas, levanta tu mirada y recuerda que eres amada por Dios. Porque a sus ojos eres de gran estima, eres honorable, y te ama… (Isaías 43:4).

Miriam M. Córdoba de Urquiza

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