El poema nace de un corazón que ha comprobado que nada merece más la pena que descansar en Dios…
Señor, heme en tus manos, dirígeme,
Y hasta el fin de mis años, mi guía sé.
Sin Ti, ni un solo paso quisiera dar;
Mi vida, hasta su ocaso, te he de entregar.
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Sostén con Tu potencia, mi débil ser,
Y así paz y clemencia, podré tener;
Que siempre yo a Tu lado prefiera estar,
Y Tu voz con agrado cerca escuchar.
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A Ti sea en el mundo mi afán seguir;
A Ti en amor profundo, siempre servir.
Señor, heme en Tus manos, dirígeme,
Y hasta el fin de mis años mi guía sé.
Letra: Julie Katharina von Hausmann
Música: Philipp Friedrich Silcher
Traductor: Federico Larrañaga (1900)
Este himno expresa el deseo de total dependencia de Dios. Dirigir la propia vida, por más que nos agrade, algo que hemos querido alcanzar desde pequeños, es a veces muy, muy cansado. La toma de decisiones de distintos actos y las consecuencias de los mismos, con efectos no siempre óptimos, pueden inducir al individuo a un agotamiento que le lleve a exclamar: Señor, heme en tus brazos, dirígeme. Y el texto de “hasta el fin de mis años mi guía sé”, sugiere una expresión de confianza en el cumplimiento del salmo 48:14: “…Él nos guiará aún más allá de la muerte”. Él estará con nosotros en cualquier circunstancia, llevándonos hasta las puertas celestiales donde ya estaremos eternamente con Él.
El autor del poema no quisiera dar ni un solo paso sin la ayuda de Dios. Entiende que en Él está la sabiduría necesaria para la vida. En el libro de Proverbios se nos recuerda e insta a confiar en Dios: “Confía en el Señor de todo corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas” (3:5-6).
Aceptar el poder de Dios, su guía y su misericordia, produce paz, y el deseo es estar siempre cerca de Dios para mantener esa paz. Ya el profeta Isaías había llegado a esa conclusión cuando escribe: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado” (26:3). ¿Quién no desea tener esa paz en este mundo tan caótico?
Finalmente expresa el deseo de que su único afán sea el seguir a Dios y servirle como expresión de amor profundo.
Este himno, cantado a menudo en funerales, proviene del siglo XIX. Su compositora fue Julie von Katharina Hausmann, nacida en 1826 en Riga, ahora Letonia, y fallecida en Estonia en 1901. Su padre fue un maestro que acabó quedándose ciego, siendo Julie quien se encargó de cuidarlo.
El hecho de haber nacido en lo que se llamaba la zona Báltica, supuso que su familia pertenecía a la élite de habla alemana que dominó la vida cultural y educativa en la región a principios del siglo XIX. La tradición religiosa luterana y el entorno con influencias alemanas, rusas y letonas, marcaron su educación.
Ella trabajó algún tiempo como institutriz, pero debió dejar este empleo debido en parte a su delicada salud; otra causa fue el hecho de que su padre se había quedado ciego y ella se dedicó a atenderlo. Cuando éste murió, se mudó con una de sus cinco hermanas, Johanna, que era una famosa organista, y Julie la acompañó a aquellos lugares donde ella iba: Alemania, Sur de Francia y San Petersburgo, en Rusia, empapándose aún más del ambiente refinado y cosmopolita de esos lugares. Falleció en Estonia a la edad de 75 años.
Su familia estaba muy unida; eso, y el hecho de no haberse casado ni independizado, determinó posiblemente un carácter solitario y algo introvertido, que junto a su exposición a la poesía romántica y al pietismo en el que se formó, determinó que su producción literaria tuviera un carácter distintivo y muy personal. Es curioso que sus publicaciones las llevara a cabo ya en edad avanzada.
Dice la leyenda, no probada, que el himno “Señor, heme en tus brazos” (“So nimm denn meine Hände”), lo compuso después de un viaje a África donde estaba su prometido, un misionero, solo para comprobar que éste había muerto un poco antes. Sea como fuere, el poema que escribió nace de un corazón que ha comprobado que nada merece más la pena que descansar en Dios, dejarse guiar por Él, reconocer la propia debilidad y esperar en que Dios sea su fortaleza.
El compositor de la música fue Philipp Friedrich Silcher, nacido en 1789 en Schnait (actual Weinstadt) y fallecido en 1860 en Tubinga (Sur de Alemania). Se le conoce por ser un recopilador de canciones alemanas y compositor de lieder, canciones para voz y piano. Fue director de orquesta de la universidad de Turingia.
La traducción al español es debida a Federico Larrañaga, en 1900. No tenemos datos sobre él.
Nosotros, como la poetisa, deberíamos considerar la necesidad de la dirección constante de Dios, incluso en las cosas más pequeñas. La confianza en una persona es un vínculo emocional por el que creemos que esa persona actuará conforme a lo que es y a lo que ha prometido, y no hay que olvidar que la confianza aumenta con la relación personal.
La confianza en Dios es lo mismo: crece conforme lo vamos conociendo más. ¿Y cómo podemos conocer más a Dios? Desde luego a través de lo que otros han experimentado y que es narrado en la Biblia; allí, Dios mismo se revela a la humanidad. Su naturaleza y cualidades se expresan a través de su relación con un pueblo, Israel, al cual le dio mandamientos, ordenanzas e instrucciones necesarias para vivir conforme al propósito de Dios. A la par que nosotros vamos examinando esos mandamientos, promesas, y las vamos obedeciendo, aumenta nuestra confianza en Dios.
Dios se nos revela a través de las necesidades y problemas que enfrentamos, lo mismo que hizo con el pueblo hebreo. ¿Cómo sabremos que Dios es proveedor si no pasamos por una escasez que solo Dios puede suplir? ¿Cómo podremos saber que Dios es todopoderoso si no nos enfrentamos a problemas irresolubles para nuestra capacidad y situación, y vemos cómo se solucionan aparentemente “por ellos solos”? ¿Cómo sabremos que Dios es amor, si nunca experimentamos la gracia que Él derrama sobre aquellos que le buscan? Porque, sí, muchas cualidades de Dios se expresan en medio de nuestra vida y las vicisitudes que atravesamos.
La confianza, también en Dios, es una decisión personal, propia. Nadie nos obliga a confiar. Se inicia un día y se prolonga en el tiempo aumentando en intensidad a medida que nos acercamos más a Su persona y le conocemos más y más. Tenemos un amigo que nos ayuda en lo íntimo. Es un amigo invisible pero fiel, el mismo Espíritu de Dios.
Merece la pena descansar en Dios y dejarse guiar por Él. De la intimidad con nuestro Creador surgirá el amor, el contentamiento y el deseo de servirle. Y se cumplirá en nosotros lo dicho en Isaías 43:2: «Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”.
No se nos dice que no habrá problemas, lo que se nos promete es que Dios estará con nosotros para ayudarnos a sobrellevarlos. ¡Dios sea nuestro refugio siempre!