LA REVISTA CRISTIANA PARA LA MUJER DE HOY
Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.

Ciudadanos del Reino V

Jesús nos desafía hoy a ser gente de palabra; gente que hace lo que dice

¡Qué poco suele valer hoy en día la palabra de una persona! Vivimos en una época en la que las personas huyen del compromiso como de la peste. Sabes perfectamente que hay muchas personas que no tienen ningún reparo en “dejarte plantado” (como decimos en mi tierra) a la primera de cambio. Es una pena que sepas que cuando quedas con esa persona concreta que tienes en mente, es bastante probable que anule el compromiso a última hora, llegue escandalosamente tarde sin avisar y sin disculparse o cambie los planes a última hora porque le apetece algo diferente. Personalmente es algo que llevo muy mal; lo considero una importante falta de respeto y de consideración.

Siempre ha existido cierta “alergia al compromiso y a su cumplimiento”, por eso el Maestro habla de ello en el sermón del monte que estamos considerando. Sin embargo, estoy convencida de que esta “enfermedad” es una señal especialmente distintiva de estos tiempos individualistas que vivimos, y por eso es muy pertinente que reflexionemos sobre la importancia de cumplir con nuestra palabra, sabiendo lo que Jesús piensa de ello.

Ya en la Ley del Antiguo Testamento, dice Jesús, se hablaba de la importancia de cumplir la palabra: “Un hombre que hace un voto al Señor o una promesa bajo juramento, jamás deberá faltar a su palabra. Tiene que cumplir exactamente con lo que dijo que haría” (Nm 30:2 NTV), lo cual manifiesta con claridad que siempre fue importante para Dios que Su pueblo cumpliera sus juramentos. Cuando hablamos de juramentos, generalmente estamos pensando en la afirmación o la negación de algo, poniendo algún testigo de máxima importancia que dé credibilidad a lo que se está diciendo. Hacer juramentos fue habitual en el Antiguo Testamento como método de confirmación y de compromiso, como se ve en el pacto entre Abimelec y Abraham, cuando el primero dice: “Júrame en nombre de Dios que nunca me engañarás ni a mí, ni a mis hijos, ni a ninguno de mis descendientes…”. A lo que Abraham respondió: “¡Sí, lo juro!” (Gn. 21:23–24 NTV). Constituía una forma de asegurarse de que la otra persona cumpliría con lo dicho, especialmente si juraba delante de Dios, como en este caso.

Sin embargo, la enseñanza del Maestro es que dejemos de hacer esto: “¡No hagas juramentos! No digas: ‘¡Por el cielo!’… Y no digas: ‘¡Por la tierra!’… Tampoco digas: ‘¡Por Jerusalén!’… Ni siquiera digas: ‘¡Por mi cabeza!’…” (Mt. 5:34–36 NTV) ¿Nos está invitado así Jesús a no comprometer nuestra palabra? ¡¡Absolutamente no!! Muy al contrario, de hecho, exprime la norma del Antiguo Testamento yendo directamente al fondo de su objetivo: “Simplemente di: ‘Sí, lo haré’ o ‘No, no lo haré’. Cualquier otra cosa proviene del maligno” (Mt. 5:37 NTV). Lo que Jesús quiere que forme parte de nuestro ADN de ciudadanos del Reino, es ser gente de palabra y que así seamos reconocidos, que nadie dude de aquello a lo que nos comprometemos. ¿Cómo reaccionan tus conocidos ante tus compromisos? ¿Asumen que vas a llegar tarde, que no vas a pagar tu parte, que no vas a llevar nada, que no vas a aparecer, que no vas a cumplir el plazo…? ¿Eres de los que se comprometen “en principio”? ¡¡Odio esta expresión!! En mis oídos suena así: “Bueno… vale… nos veremos allí… si no se me presenta un plan más apetecible o más conveniente para mí…”.

Como seguidora de Jesús, mis palabras tienen que tener tal credibilidad que nadie necesite que yo jure que cumpliré lo que he dicho, porque saben perfectamente que lo haré. Eso espera Jesús de mí y de ti. Como cuando Noemí, la suegra de Rut, al saber que Booz había dicho que se encargaría del asunto, dijo: “Ten paciencia hija mía, hasta que sepamos qué pasa. El hombre no descansará hasta dejar resuelto el asunto hoy mismo” (Rut 3: 18 NTV). Dijo que lo haría y lo hará. ¿Piensan eso los que te oyen comprometerte?

Sí, como decíamos al principio, la sociedad está tremendamente afectada de esa “alergia al compromiso y a su cumplimiento”, pero Jesús nos desafía hoy a ser gente de palabra, gente que hace lo que dice. Al fin y al cabo, somos súbditos de un Reino cuyo Rey jamás ha faltado ni faltará a Su palabra: “Dios no es un hombre; por lo tanto, no miente. Él no es humano; por lo tanto, no cambia de parecer. ¿Acaso alguna vez habló sin actuar? ¿Alguna vez prometió sin cumplir?” (Nm. 23:19 NTV).

Trini Bernal

Caminemos Juntas
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.