LA REVISTA CRISTIANA PARA LA MUJER DE HOY
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La mujer en el Quijote

¿De dónde viene la dignificación que la mujer experimenta en la cultura occidental?

Todos los grandes hombres suelen hacerse célebres por alguna frase que va unida a su nombre para siempre.

Arquímedes dijo aquella sentencia de “Dadme un punto de apoyo, y moveré la tierra”.

La conducta y las acciones de los seres humanos siempre tienen un punto de apoyo o una motivación que da sentido a la vida, y a los actos que lleva a cabo un determinado personaje real o literario.

Don Miguel de Cervantes, con el gran sentido psicológico y humanístico que le caracterizaba, nos hace conocer de manera magistral la fuerte motivación que impulsó a Don Quijote a salir a los caminos de La Mancha en busca de aventuras.

El caballero de la triste figura se lanzó a los caminos, impulsado por el amor y los deseos de adquirir fama, para deslumbrar a una rústica labradora llamada Aldonza Lorenzo.

Frente a la declaración del filósofo Jaime Balmes que nos dice que la verdad es la realidad de las cosas, el poeta Cervantes nos hace ver que la realidad puede y debe ser transformada por el arte y el amor.

Don Quijote, al mirar a Aldonza con ojos de enamorado, la transformó en la sin par Dulcinea, por la cual merecía la pena luchar y hasta morir si fuera necesario.

Todo amor puro y verdadero conduce, forzosamente, a realizar acciones nobles y meritorias, dignas de pasar a la posteridad.

¿De dónde sacó Cervantes estas ideas revolucionarias y geniales?

Una vez más estamos en condiciones de afirmar que bebiendo en las claras fuentes de los místicos españoles tan olvidados hoy, y de la Biblia, desconocida por la inmensa mayoría de nuestro pueblo.

El gran poeta San Juan de la Cruz, nos encanta con la sublime poesía de su Cantar de Cantares, que es un hermoso reflejo de la divina inspiración del gran sabio y poeta hebreo Salomón, que adorna la belleza física y espiritual de su amada en el Cantar de Cantares, que forma parte de la Sagrada Escritura.

La clara relación del pensamiento cervantino con los místicos españoles y el trasfondo histórico judeo-cristiano, tiene su punto de apoyo científico en la famosa teoría del inconsciente colectivo, estudiado por el ilustre psiquiatra y escritor Yung.

Este autor nos muestra detalles tan reveladores como el de que, a pesar de los grandes avances científicos de la cultura moderna, los huevos se siguen contando por docenas, como se hacía en la cultura sumeria.

Yung, con su teoría de los arquetipos, nos desvela el pensamiento de Cervantes al valorar a la mujer, como lo hace Dios al tomarla como figura de Su esposa en el Antiguo Testamento, y San Pablo, que nos presenta a la Iglesia, ya redimida de toda imperfección humana, como la esposa de Cristo, sin mancha ni arruga ni cosa semejante.

El insigne poeta Fray Luis de León, en su libro La Perfecta Casada, desarrolla y comenta el capítulo 31 del libro de Proverbios de Salomón.

Si Don Quijote se define a sí mismo como caballero cristiano, el respeto, la cortesía y la valoración de la mujer en la cultura occidental tienen su origen en el trato exquisito y esmerado que el Hombre por excelencia, Jesús de Nazaret, dio a las mujeres de su entorno social, que tuvieron el gran e irrepetible privilegio de tratarlo personalmente.

Su manera de tratar a la mujer samaritana, a la mujer adúltera y a María Magdalena, entre otras muchas mujeres que se nos refieren en los relatos apostólicos… es un trato tan revolucionariamente bueno, que ha cambiado para siempre el destino de las mujeres.

La mujer de nuestro tiempo, nacida en los países de cultura cristiana, apenas si se da cuenta de que las mujeres no tienen mucha importancia en las culturas llamadas paganas o no cristianas.

Platón daba gracias a los dioses por tres cosas: Por haber nacido hombre, por haber nacido en Atenas y por ser discípulo de Sócrates.

Aristóteles decía que la mujer era un hombre enfermo. Seguramente no hubiera opinado lo mismo de haber conocido a algunas deportistas de nuestros días.

En los países de cultura islámica, ya vemos cómo viven las mujeres.

En la India queman a las viudas con el cuerpo de su marido muerto.

Si verdaderamente queremos ser realistas, teniendo en cuenta una perspectiva histórica y social, hemos de admitir que todo lo bueno que la mujer tiene en nuestros días lo debe a los postulados de la filosofía cristiana traída por Cristo y propagada por sus apóstoles.

San Pablo, escribiendo a los gálatas, nos dice que en Cristo no hay ni varón ni hembra, sentando las bases de los derechos y la igualdad jurídica de la mujer.

El gran mérito de Miguel de Cervantes es haber sabido plasmar estas verdades de manera genial, en forma literaria, en unos tiempos verdaderamente oscuros y difíciles para el desarrollo del pensamiento y la libertad de expresión.

El poder creativo del príncipe de los ingenios, en su glorioso canto a la mujer en su novela inmortal, destaca al poner de relieve que todo lo que la mujer ha conseguido de positivo, se lo debe a Cristo y al poder revolucionario del pensamiento cristiano, plasmado en la Palabra de Dios.

El abandono de la cultura cristiana, forzosamente supondrá – ¡ya está suponiendo! – una pérdida irreparable para las mujeres de nuestro tiempo, que corren el riesgo de volver a ser tratadas como lo son en las culturas no cristianas.

Las vidas de las mujeres del Nuevo Testamento, y de millones de mujeres a lo largo de toda la historia, han sido transformadas por la mirada de amor del más Grande Caballero que ha pisado nunca este mísero suelo, el Supremo Artista Creador de todo.

Así queda reflejado en el famoso canto que el poeta Cervantes hace a la mujer en El Quijote.

J. L. Castejón

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