LA REVISTA CRISTIANA PARA LA MUJER DE HOY
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Hasta el final… con Dios

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Depender de la soberanía de Dios nos da paz

Dios quiere que seamos diligentes y que lleguemos hasta el final de nuestras vidas con Él. No que vayamos hasta donde el camino se pone difícil y pararnos ahí.

Uno de los desafíos más grandes es el de enfrentar y subir nuestras montañas en vez de tratar de hacer otro camino alrededor de ellas. Porque, a veces damos vueltas y vueltas, girando y girando, y terminamos como los israelitas en el desierto: vagando durante tantos años…

Tenemos que aprender a escalar las montañas de nuestra vida a través de la oración y la Palabra, para acercarnos a nuestro Creador. Porque en nuestra vida espiritual, cada día se presentan un sinnúmero de cordilleras, pongámosle nombres: soledad, enfermedad, tristeza, crisis financiera, lucha contra la falta de perdón, tratar de resolver y tener todo bajo control… y no poder. Y muchas veces queremos escalar solas…

Pero hay una buena noticia que debo considerar profundamente y aceptar: ¡Dios es el Guía adecuado! y puedo confiar plenamente en Él. Y cada montaña que llegue a mi vida, si elevo la mirada a mi Señor, la puedo superar, si es su soberana voluntad.

Así tendremos sosiego en el corazón, porque Dios no me prometió nunca que iba a tener primaveras eternas, pero sí su compañía.

Una vez leí algo de Juan Bunyan, en El Progreso del Peregrino: “Señor dame fuerzas en mi debilidad, energía en mi agotamiento y fe ante mis dudas”. ¡Qué preciosas palabras, de ánimo para mí!
Muchas veces el camino es difícil, pero mi Padre está en control. Y, sí, tendremos dificultades, pero Él está con nosotras. Somos de un valor incalculable para Dios.

Como humanas caemos fácilmente en el desánimo, la baja autoestima, y tristezas profundas que muchas veces nos hacen bajar la guardia y caer. Sin embargo, el gran amor de Cristo nos levanta de cualquier situación.
Él camina a nuestro lado, nos sostiene. Nos invita tiernamente a cada una a que le entreguemos el control de nuestras vidas; Él es el Experto divino. Alguien que vino de una eternidad con Dios, atravesó el estrecho canal de la vida humana con la frente en alto, arribó a la gloria y se sentó a la diestra de Dios Padre. Sabes quién es, ¿verdad? Su nombre es Jesús y su propuesta sigue siendo la misma: Yo estoy contigo.

Y esto es así desde aquel día que le recibimos como el Salvador de nuestras almas. Él nos sigue pidiendo que le demos el control, ¡sentémonos en el asiento del acompañante y disfrutemos este viaje al cielo, nuestra bella morada!

¡Caminemos cada día con Él! ¿Cómo hacerlo? Conociéndole a través de Su Palabra, estando de acuerdo con Él, porque dos no pueden caminar juntos si están en desacuerdo. Llevemos un mismo paso, la misma dirección. Él desea conducirnos en nuestra vida. No debo correr delante de Él, como caballo, ni quedarme atrás, como la mula. Sino caminar a
su lado, teniendo un fluido diálogo.

Aprendí que cuando estoy meditando las Escrituras, el Señor está frente a mí; yo le hablo y Él me contesta. Y, por último, depender de Su
Soberanía me da paz en la tormenta y gozo en el Espíritu Santo.
Puedo temblar de miedo como una náufraga, pero tengo mi vida firme en la Roca, y esto me da fortaleza para seguir adelante hasta el fin. ¡Somos bendecidas!

Y termino con las palabras de un himno precioso: Cara a cara espero verle, más allá del cielo azul…

¡Que esa sea tu esperanza también!

Mª Luisa Rodríguez de Córdoba