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El matrimonio y su problemática: ¿Hay alguien que escuche?

Ponerse en el lugar de la otra persona y comprender el mensaje, es un camino excelente para alejar conflictos en potencia

No nos sorprende cuando oímos que el mayor problema en la relación matrimonial es una mala comunicación. Un problema que debe ser atendido, ya que el éxito en el matrimonio depende de lo bien que reciba el uno los mensajes del otro.

La comunicación proporciona vitalidad a una relación. Por eso cuando desaparece, la relación muere, porque no puede existir sin ella. Pero también tenemos que tener presente que no habrá comunicación entre marido y mujer a menos que uno de los dos escuche.

Séneca, uno de los filósofos del Imperio Romano, en un sollozo que se convirtió en palabras exclamó: “¡Escuchadme por un día … una hora … un momento, antes que expire en mi terrible desierto, mi soledad silenciosa! Dios, ¿no hay nadie que escuche?”.

Muchos siglos después, el Dr. Fisher dijo: “Una atención exclusiva es uno de los mejores regalos que podemos darle a otra persona. Es el cumplido mayor que le podemos hacer”.  La Palabra de Dios a menudo nos recuerda la gloriosa realidad de que Él nos escucha: “Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos Sus oídos al clamor de ellos” (Sal.34:15).

No es fácil aprender a escuchar con atención, porque habitualmente estamos pensando más en lo que vamos a decir cuando el otro termine de hablar, que en escuchar el mensaje que nos quiere transmitir. Es que escuchar es algo más que esperar cortésmente a que nos toque hablar; algo más que oír palabras. Es el tratar de comprender lo que la otra persona nos quiere comunicar.

Aunque escuchar se considera generalmente como una parte pasiva de la comunicación, realmente no es así. Cuántos malos entendidos hay en los matrimonios por no saber escuchar.

Escuchar no es algo natural en nosotras, pues la mayoría prefiere ser la que habla. Nos gusta expresar nuestras ideas, opiniones, sentimientos… en una palabra: ser oídas. Por esta razón nos concentramos más en tratar de entrar dentro de la conversación, que en lo que nuestro interlocutor nos está diciendo y, muy a menudo, el mensaje que nos llega es diferente al que se nos quiere transmitir.

¿Por qué no podemos escuchar correctamente?

Resulta muy importante identificar algunas de las actitudes que impiden a tu marido, o a ti, escuchar atentamente. Veamos algunos ejemplos:

El temor a ser dominada por escuchar a tu esposo, a terminar siendo controlada por él, haciendo lo que dice. Debido a eso, cierras tus oídos a las sugerencias o ideas que quiere comunicarte.

Estar a la defensiva. Vives con el temor a ser criticada porque eso te duele. No escuchas para evaluar lo que dice, porque de antemano lo rechazas. Algunas veces, como esperas ser criticada, eso es lo que oyes, aunque no se haya dicho.

Egocentrismo. No escuchas porque no tienes ninguna consideración o interés hacia las necesidades de tu pareja.

¿Hay diferencia entre oír y escuchar?

Oír es obtener información para nuestros propios propósitos. Escuchar es interesarse y sentir empatía hacia la persona que está hablando, y tratar de comprender sus sentimientos y propósitos para su bien.

Escuchar significa que cuando tu esposo te está hablando, debes:

Tener la intención de escuchar. Digo la intención, porque escuchar es un acto consciente de la voluntad, especialmente si te cuesta o estás fuera de práctica. Es muy importante entonces: 

No pensar en lo que vas a decir cuando surge una pausa. Concéntrate en lo que está diciendo. Leemos en Pr.18:13: “Al que responde palabra antes de oír, le es fatuidad”.

Mantener el contacto visual.  Mira a tu esposo, no te distraigas. Resulta muy molesto que cuando alguien está hablando, la otra persona desvíe la vista, o se distraiga con otra cosa. Hay que escuchar con los ojos y los oídos.

No interrumpir. Esto es difícil, pero importante. Si haces preguntas, que sean pertinentes a lo que acaba de decir. No cambies de tema, pues eso equivale a decirle a tu pareja que no estás interesada en lo que está diciendo.

Escuchar con comprensión, con el corazón abierto, en vez de estar a la defensiva, pensando en cómo defender tu punto de vista cuando termine de hablar.

Ser paciente. Los hombres tienden a guardar lo mejor para el final. Anima a tu esposo cuando comparte acerca de sus intereses, aunque sea futbol, y eventualmente pasará a considerar cosas más importantes, como problemas personales.

Escuchar activamente. Muchos proyectos, cambios, actividades, no llegan a concretarse porque han entrado por un oído y salido por el otro. El escuchar activamente es hacerlo con interés, para que las palabras no sean simplemente palabras sino, en lo posible, realidades palpables.

Considera el contexto. ¿Está tu esposo cansado, frustrado, dolorido? Permítele desahogarse. No juzgues lo que él está diciendo o cómo lo dice. Quizás simplemente necesita alguien que lo escuche con interés, sin darle consejos o tratar de arreglar la situación. Ora con él, o a solas, para recibir sabiduría.

El ser escuchado es una necesidad.

Cuántas veces nos han dicho como razón para la infidelidad: “Encontré dos oídos dispuestos a escucharme y eso me atrajo, porque era exactamente lo que necesitaba”.

Los hombres siempre se han sentido atraídos por las mujeres que saben escuchar con interés, admiración, aceptación y respeto. Si no escuchas de esta manera a tu esposo, agregando el ingrediente del amor, él será vulnerable a mujeres que con gusto tomarán ese lugar.

Jorge es un joven muy atractivo, amable, y servicial. Trabaja en una empresa en donde el único hombre en la sección es él. Una de las empleadas, amiga de su esposa, un día en que fue a visitarla comentó: “Yo estaría preocupada si estuviera en tu lugar”.

   “Bueno, hubo un momento en que nuestra relación no estaba muy firme, pero ahora ese detalle no me preocupa. Aunque a mi esposo le atrajera una joven bonita, sé que la mujer que ama a Jorge suficientemente como para escuchar sus más profundos temores, preocupaciones, alegrías y tristezas soy yo, y lo seré siempre”.

Escuchar positivamente no es tan fácil porque en las situaciones donde es más necesario, habitualmente estamos enfocando nuestra atención en lo que vamos a decir, antes que en el mensaje que nos quieren transmitir. Consideremos esta típica interacción marido-mujer:

Esposa: “Mira, recién traje este vestido de la modista y veo que el cuello no me queda bien ¿Qué voy a hacer? Quería usarlo esta noche”.  

Esposo: “Querida, yo no lo veo tan mal, no creo que nadie se dé cuenta. Si no, puedes usar este otro que te queda muy bien”.

Él está queriendo ayudar, pero ha olvidado un elemento crucial: escuchar el mensaje detrás de esas palabras. Está más preocupado en resolver el problema que en comprender los sentimientos de su mujer. Si hubiera escuchado atentamente le habría hecho sentir a su esposa que la comprendía: “Lo siento mucho, yo también estaría furioso…”

Si tu marido te dice “Siempre te retrasas”, su mensaje es: “Estoy muy molesto con esa actitud o hábito tuyo”. Tu respuesta debe ser de acuerdo con sus sentimientos. En vez de defenderte, debes contestarle de buena manera: “Sé que te molesta que vaya con retraso, lo siento”.

Cuando ambos, marido y mujer, reconocen la importancia de escuchar objetivamente, brindando al otro completa atención, están dando un gran paso hacia la construcción verdadera de la comunicación.

Ponerse en el lugar de la otra persona y comprender el mensaje, es un camino excelente para alejar conflictos en potencia. 

Gloria Q. de Morris

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