LA REVISTA CRISTIANA PARA LA MUJER DE HOY
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Para ti, amiga: Amadas sin merecerlo

Solo Dios puede amarte a la perfección, aun sin merecerlo

El amor es uno de los más grandes sentimientos que puede experimentar una persona. Sentirnos queridas, valoradas, consideradas, es algo que todas deseamos en lo íntimo de nuestro ser. Sin embargo, muchas veces nos embarga el miedo al rechazo, al abandono, a la soledad. Es entonces cuando la angustia nos invade.

Sentirnos amadas es una necesidad biológica y relacional del ser humano desde el inicio de la vida. Desde pequeños buscamos la aprobación en las palabras, los gestos, las actitudes de las personas significativas que nos rodean… Pensamos que debemos “ganarnos” ese amor, tratamos de “hacer méritos” para ello.

Sabes, amiga, la Biblia nos dice que somos amadas por Jesús; su amor es un amor incondicional, eterno y sacrificado. No depende de nuestros méritos, sino de Su carácter. La mayor prueba de Su amor fue Su entrega voluntaria en la cruz para perdonar nuestras faltas. Romanos 5:8 dice que: “… aun siendo pecadores, Cristo murió por nosotros”. Su amor es un amor eterno e íntimo. Como dice Jeremías 31:3, Su amor es eterno y se manifiesta a través de Su misericordia. Él nos conoce profundamente y nos llama amigos (Juan 15:15).

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados (1ª Juan 4:10).

El relato del joven rico (Marcos 10:17-27) es un ejemplo perfecto, porque la Biblia dice explícitamente que Jesús lo amó antes de que el joven fallara en seguirlo. Él basaba su valor en sus propios logros y su obediencia perfecta, pero Jesús le demostró que el amor de Dios no se gana con méritos propios

El joven corrió hacia Jesús buscando asegurar su salvación y presumió que cumplía todos los mandamientos desde pequeño.  «Jesús, mirándolo, lo amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes…» (Marcos 10:21). La reacción del joven fue retirarse triste, porque era muy rico y no pudo desprenderse de sus bienes.

Esta historia nos demuestra el amor de Dios por encima de lo que hacemos. Jesús amó al joven sabiendo que no iba a ser capaz de dejar sus riquezas en ese momento. Su amor no dependía de la respuesta del joven. Este creía que «hacer cosas buenas» le daba acceso a Dios. Jesús le demostró que su corazón estaba atado al dinero y que nadie puede salvarse por sus propias fuerzas.

La salvación, amiga, es un regalo amplio y generoso.  Hace un tiempo leí en un devocional, algo acerca de este tema que me gustaría compartirlo contigo amiga. y así cerrar este artículo.

El amor de Dios es perfecto. El amor es paciente y bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso, ni orgulloso, ni grosero. No busca su propio interés. No se irrita, ni guarda rencor. No se alegra de la injusticia, sino que se regocija cuando triunfa la verdad. El amor nunca se da por vencido, nunca pierde la fe, siempre tiene esperanza y persevera en toda circunstancia (1ª Corintios 13:4-7).

¿Te imaginas ser amada así? Todas necesitamos este tipo de amor, pero si lo esperas de otra persona, te decepcionarás. Solo Dios puede amarte a la perfección, aun sin merecerlo. Y cuando tienes una relación con Dios y experimentas su amor, te da la fuerza para amar a los demás como Dios te ama a ti.

Miriam M. Córdoba de Urquiza

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