¿Aguantará tu casa la tormenta?
¿Sobre qué está fundada tu vida? Últimamente hemos estado en contacto con un importante número de personas cuyas vidas están siendo profundamente sacudidas. Han pasado por cosas muy fuertes, como la división de la iglesia, un pastor infiel, la muerte de seres queridos, hijos que caen en el pecado, un matrimonio que se deshace, o relaciones rotas. ¿Su “casa” aguantará la tormenta?
Para contestar a esta pregunta vamos a la parábola de la casa fundada sobre la roca (Mateo 7:24-27). Veamos su significado. La casa es la vida. La roca representa a Cristo, pero hemos de matizar mucho. No significa “creer en Jesús”. Mucha gente cree en Él: todos los protestantes, católicos y testigos de Jehová creen en Jesús, pero no todos son salvos. Significa tener cierta relación con Él, una en la que deseas oír su voz y obedecerlo. Jesús dijo: “El que me oye estas palabras y las hace”. ¿Qué palabras? Las que acababa de pronunciar en el Sermón del Monte. La lluvia, los ríos, y los vientos ¿qué representan? Calamidades, sufrimiento y grandes crisis en la vida. ¿A quiénes les pasan estas desgracias? A todo el mundo, a creyentes y no creyentes por igual. Jesús está diciendo que las mismas cosas nos pasan a todos, la diferencia reside en cómo reaccionamos. ¿Qué significa “edificar su casa sobre…”? La cosa sobre la cual se edifica la casa es el fundamento, la base, el cimiento. Es aquello de lo cual dependemos, donde descansa nuestra vida. Para que permanezca en pie tiene que estar edificada sobre la obediencia a la Palabra de Jesús en una relación con Él en la que oímos lo que nos dice, y lo hacemos: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca” (Mateo 7:24). ¿Qué significa la frase: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras”?Lo que no significa es simplemente leerlas en la Biblia… sino recibirlas de parte de Jesús, hacer que nos lleguen al corazón, y entender que esta es la vida cristiana.
¿Cuáles son algunos malos fundamentos, o fundamentos inadecuados, sobres los cuales podemos construir nuestra vida? Estos fundamentos están en competencia con el de Cristo, y no son suficientemente fuertes para sostenernos en tiempos de crisis. En estos momentos conocemos a muchos creyentes que, sin darse cuenta, han edificado sus vidas sobre estos fundamentos y están en peligro de colapsar.
- Mi carne, lo que yo quiero, mi propia voluntad. Incluye mis planes para la felicidad, el placer, el sexo, la comodidad, una seguridad económica, el trabajo, la salud. Los que construyen sobre esta base tienen su vida montada para satisfacer sus deseos.
- Mi familia. Los hay que edifican la vida sobre su marido, los hijos y nietos, o sus padres y hermanos. Hacen la voluntad de ellos, o permiten que ellos controlen sus vidas. ¿Qué pasa si tu marido se muere? ¿Significa que tu vida se acaba? Tenemos un amigo que ha perdido familia y casa, y hermanas cuyos hijos les han fallado, y otras cuyos maridos se han ido con otra. Si lo primordial de tu vida son ellos, ¿qué harás si pierdes su apoyo?
- Mi iglesia, mi pastor, mi tele-evangelista favorito. La iglesia puede dividirse. Si lo hace, muchos se dispersan y ¡nunca más vistos! Hay personas que edifican la vida sobre un pastor que practica el abuso espiritual. Este es aquel que te controla, te manda, manipula, usando su autoridad pastoral para hacerlo; supervisa tu vida, te presiona para que hagas lo que él quiere, y te genera culpa si no lo haces. Te da miedo desobedecerlo. Impone normas y obligaciones que no vienen en la Biblia. Dirige a la iglesia bajo un fuerte legalismo. Tenemos amigos en todas estas circunstancias. Un buen pastor es afable, humilde, te sirve, te potencia, su ejemplo te inspira, trabaja en equipo, es transparente con el dinero y te anima a cultivar y usar tus dones. No crea dependencia. Estamos en peligro si edificamos nuestra vida sobre una autoridad humana, o sobre una iglesia, por buena que sea.
- Mi conocimiento bíblico. Esto es lo que hicieron los fariseos, ¡y no reconocieron al Mesías cuando vino! porque no coincidió con su conocimiento de las Escrituras. Los Testigos de Jehová tienen mucho conocimiento bíblico, pero esto no los ha salvado. Sabemos de estudiantes de una escuela bíblica que se han ido al mundo. ¿Qué les pasa? Falta la relación vital con Cristo, en la cual oyes su voz y la obedeces. Los hay con mucho conocimiento bíblico que son legalistas. Su principal relación es con la Biblia, pero no con el Espíritu Santo. El Espíritu y la Palabra trabajan juntos para darnos vida en Jesús. La Palabra sin la inmediata unción del Espíritu conduce al legalismo.
- Mi ministerio es un quinto fundamento falso para la vida. Para ilustrar este punto puedo usar un ejemplo de mi propia vida. Como la esposa del pastor, tenía mucho ministerio, pero cuando salimos de la iglesia, lo perdí, juntamente con la iglesia, la vivienda, el barrio, el sostenimiento económico, las amistades, y el contacto con la gente que era tan importante para mí. Fundar la vida sobre el ministerio es fundarla sobre nuestra propia utilidad e importancia. Tener un ministerio exitoso conduce a muchas tentaciones. Alimenta el orgullo y todos sabemos que “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Pr. 16:18). La destrucción de estos fundamentos falsos produce mucho dolor, mucho. La única cosa que puede salvar la vida colapsada con tanto dolor es una íntima relación con Jesús mismo. De esto vamos a hablar ahora.
La base que sí sirve de buen fundamento es edificar sobre la roca, que es Jesús, pero aquí, como ya hemos dicho, tenemos que matizar. Edificar sobre la roca es mucho más que “creer en Jesús”. Es recibir su Palabra y obedecerla en una relación de amor con Él. Vendrá la tormenta. ¿Qué te pasará a ti si tu pastor te falla, tu marido se va, tu ministerio colapsa, tu iglesia se divide, pierdes tu trabajo y tus hijos se apartan del Señor? Si tu vida está centrada en una de estas cosas, caerás en depresión, tendrás una embolia, te amargarás, o perderás tu fe. Tu “casa” se caerá.
La sacudida es necesaria. Dios envía la tormenta para descubrir los cimientos falsos de nuestra vida, para que volvamos a edificar sobre lo indestructible: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (I Co. 3:11). Descenderá lluvia, vendrán ríos, soplarán vientos y golpearán contra la casa. Si los fundamentos son malos, se verá. La casa caerá. Si esto te pasa es para que recojas los escombros de tu vida y reedifiques solo sobre Jesús, en una íntima relación con Él, en la cual lo oyes y lo obedeces, porque lo amas. Después de toda la sacudida, tu relación con Cristo terminará siendo una relación estable de amor y obediencia, no de legalismo, sino de pura gracia. Si la casa está bien fundada sobre Cristo, también se verá. Permanecerá firme, aunque pase por tormentas tremendas, como en el caso de Job: “Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca”. ¡Gloria a Dios!