Nos envuelven el gozo y la alegría al contemplar la riqueza que nos diste.
De ti, Señor, proviene la esperanza,
y día a día nos brindas maravillas.
Alegras la salida de la tarde y la mañana,
permites que todo se aquiete en tu orilla.
Como los montes afirman tu poder,
así sosiegas nuestras penas y pesares.
Das frescura que calma nuestra sed
cuando, sedientos, buscamos manantiales.
Tus blancas nubes nos cubren y protegen,
tus lluvias bendicen los renuevos,
con tu presencia los árboles florecen
y con tu amor refrescas los desiertos.
En tu obra están tus maravillas,
y oyes la oración de aquellos que elegiste.
Nos envuelven el gozo y la alegría
al contemplar la riqueza que nos diste.