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Mujeres que dejaron huella: Mary Bird de Persia

Nada detuvo a Mary Bird de ayudar a las iraníes a finales del siglo XIX

Mary Bird, de Persia, se describía a sí misma como la “traviesa gata salvaje” que se resistió a que la despidieran de los dispensarios médicos que fue ella quien abriera en Isfahan y Julfa. Desde 1891 hasta 1895, los mullahs no dejaron de lanzar sus libelos contra esta pequeña, frágil e indomable mujer inglesa, describiéndola como agente del mismísimo diablo.

Después de haber estado un día en uno de esos dispensarios, Mary escribió: “Un policía, montando guardia cerca de la puerta del dispensario, no hacía más que decir a las mujeres que los líderes religiosos del país les habían prohibido la entrada allí, porque todo mi interés era que se convirtiesen al cristianismo… Cuando, a pesar de eso, las mujeres insistieron en pasar, las azotó con una cadena cuyo extremo tenía un aguijón, pero ellas forcejearon para abrirse paso hasta la puerta”.

Más tarde advirtieron a Mary que por allí andaban hombres al acecho, con palos. Pero, a pesar de todo, ella insistió en acudir al dispensario, sólo para encontrarse con que estaba cerrado y vacío. Al regresar con los hombres que la acompañaban, fueron rodeados por una furiosa multitud de estudiantes iraníes decididos a echarla de su distrito.

Pero las amenazas no la detuvieron, y Mary se las arregló para continuar trabajando en el dispensario, y visitando a las mujeres en sus casas; no sólo en los alrededores de Isfahan, sino incluso en las distantes aldeas. A veces viajó durante semanas, con otras personas, a través de colinas que estaban infectadas de bandoleros…

Por el año1890, Mary Bird y Laura Stubbs llegaron a ser las primeras mujeres solteras enviadas por la Sociedad Misionera de la Iglesia a Persia (Irán), lo que fue considerado por muchos como un experimento muy arriesgado y peligroso. En el transcurso de un año, Mary había aprendido lo suficiente del idioma como para empezar a visitar a las mujeres en sus hogares.

De vuelta a Inglaterra, estuvo estudiando y tuvo cierto entrenamiento en medicina. Comentó más tarde que siempre recordaba el consejo de su tía en cuanto a saber cuándo pedir ayuda a alguien más altamente cualificado. Su tía fue la famosa escritora viajera del siglo XIX, Isabella Bird.

En su encuentro con algunas mujeres iraníes, las halló muy cariñosas, aunque también grandemente llenas de curiosidad respecto a ella como mujer extranjera. Pero esas mujeres se hallaban tan fuertemente protegidas por sus maridos, y tan lejos del alcance de la mirada de los curiosos, que tenían las mentes entumecidas por encontrarse privadas de instrucción, y faltas del estímulo externo. La mayoría de los maridos solían decir a sus esposas que las mujeres no tenían alma.

Esta “protección” supuso un impedimento para la asistencia médica, y frecuentemente se les negó la oportunidad de ser atendidas por un hombre médico. Mary Bird no tardó mucho en hacerse famosa como médica, y en seguida muchas mujeres comenzaron a invitarla a sus casas.

Con todo, no fue la eficacia de la medicina occidental lo que les gustó. Muy pronto se dieron cuenta de que ella poseía también el don de la oración sanadora. Una mujer la reprendió cierto día, cuando acababa de vendar el pie de uno de sus hijos, diciéndole: “Usted no ha orado hoy, y así el niño no habrá mejorado mañana”. Todas las mujeres respondían a su amable y paciente manera de aproximación y la forma en que tan auténticamente atendía a sus cuerpos, almas y espíritus. También se daban cuenta de que ella siempre hacía tiempo para la oración y la alabanza a Dios, a pesar de lo ocupada que estaba.

Fue tan eficiente su labor, que en el año 1893 pudo persuadir a la Sociedad Misionera de la Iglesia para que enviara dos misioneras médicas más. En 1897 llegó a Irán la primera mujer médica completamente cualificada. Se llamaba Emmelina Stuart. Por entonces ya había pasado la peor de las persecuciones, e incluso los aristócratas de la localidad enviaban a buscar a Hakim Maryan (la doctora María).

Fue uno de esos príncipes quien tomó a la primera mujer convertida al cristianismo como una especie de “custodia” para protegerla. Sakineh había acompañado regularmente a su tía a uno de los dispensarios, y quedó fascinada con el Jesús del que Miss Bird hablaba. 

Más tarde, esta misma mujer halló la manera de asistir a los estudios bíblicos que daba Mary. Su propio padre le había pegado por declarar su fe en Jesús, pero Sakineh persistió en asistir a las clases bíblicas, y un año más tarde, el Jueves Santo de 1895, fue bautizada. Sus esfuerzos por hablar a los familiares y amigos sobre su nueva fe, la llevaron a ser perseguida y casi a morir a manos del populacho. El príncipe la salvó tomándola como criada en su casa de huéspedes, donde permaneció como una cristiana fiel.

En 1904 Mary Bird regresó a Inglaterra, donde tuvo que permanecer seis años para atender a su madre, delicada de salud. Al volver a Irán pasó dos años en Yezd, a unos 70 kilómetros al sureste de Isfahan, y luego se trasladó a Kerman.

En julio de 1914 el verano fue abrumador, pero Miss Bird no quiso abandonar el lugar por otro más fresco, hasta agosto, porque muchos necesitaron su ayuda durante una epidemia de tifus. La fiebre la abatió en el camino hacia las colinas, y murió el 16 de agosto. Al año siguiente el Dr. Stuart visitó cierta aldea que le hizo un caluroso recibimiento “por causa de Doña Mary”. Desde entonces, durante años, y gracias a Miss Byrd, fueron de igual manera recibidos muchos misioneros cristianos en la región que circundaba a Isfahan.

Gloria Rodríguez Valdivieso

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