Esto les ayudará a entender la importancia de ser un buen “embajador de Cristo”
En los artículos anteriores de esta serie, hemos recalcado la importancia de establecer hábitos espirituales para no solo transmitirles a nuestros hijos valores y principios bíblicos, sino para brindarles herramientas necesarias para su crecimiento espiritual. Un hábito no es algo que aprenden casualmente, sino que implica un esfuerzo intencional de nuestra parte para enseñarlo; ayudarle a practicarlo para que, a través de repetidas y consistentes acciones, pase a ser parte integral de su manera de ser. En el caso del respeto y la cortesía, no son cualidades innatas, sino que demandan un largo proceso de aprendizaje.
Este aprendizaje no solo demandará consistencia de nuestra parte; también debemos estar en constante alerta para nuestro propio ejemplo. Este aprendizaje no va a ser fácil, ya que va a ir en contra de la corriente de nuestra sociedad actual, en donde el maltrato verbal y la falta de respeto hacia otros de opinión distinta o hacia aquellos en autoridad, es la norma y lo que verán y oirán diariamente a su alrededor.
El respeto
Hay niños que son por naturaleza más sensibles hacia los demás y/o más dados a buscar la aprobación de aquellos que los rodean, pero aun ellos necesitan aprender la forma correcta de comportarse y comunicarse respetuosamente. Como en todo aprendizaje, escuchará aquello que sus padres le dicen sobre conducta respetuosa, pero también imitará la forma en que sus padres actúan y es probable que aprenda más de la conducta de sus padres que de sus palabras. Cuando nosotros, como adultos, criticamos o degradamos a otros en nuestra conversación frente a nuestros hijos, les estamos enseñando, en forma indirecta, a ser irrespetuosos y/o a perder el respeto por quienes están en autoridad.
Otra forma en que los hijos aprenden respeto de sus padres es en el trato diario que reciben. Si sus padres los tratan con respeto y actúan en forma respetuosa hacia los demás, eventualmente el niño imitará esta conducta. Pero si en vez de eso sus padres los tratan como alguien insignificante, ridiculizan sus formas de expresar sus necesidades, emociones o cuando se equivocan, el niño no aprenderá a respetar a otros, aun si sus padres le enseñan verbalmente o le demandan que se comporte adecuadamente.
La enseñanza que nuestros hijos necesitan para demostrar respeto hacia otros debe incluir:
- Aprender a escuchar con atención y sensibilidad. La persona que está tan preocupada con sus propias ideas o problemas y no le da oportunidad a otro para hablar o aun responder a lo que está diciendo, está mostrando falta de respeto.
- Aprender a mantener una actitud amable y ser agradable aun cuando estamos en desacuerdo. El que alguien tenga una opinión diferente a la mía no hace que sea una mala persona.
- Aprender a respetar la privacidad de otros. Por ejemplo, debemos enseñarles la importancia de llamar a la puerta antes de entrar en la habitación de otro.
- Aprender a permitirle a otro el derecho de mantener su independencia emocional. Aceptar el humor o el estado emocional de otra persona respondiendo en forma simpática evidencia respeto; ridiculizar o hacer de menos el comportamiento de, por ejemplo, un hermano menor, es lo opuesto. Alentémosles a compartir pensamientos y sentimientos siendo siempre respetuosos y sin obligarles en forma de indagación o demanda, contándoles a su vez cómo nos sentimos o nuestras necesidades para que sepan que respetamos su entendimiento e intercambio de impresiones.
- Valorar y elogiar conductas respetuosas. Ensalzar su conducta respetuosa frente a otros miembros de la familia y, nuevamente, elogiemos su conducta a solas con él más tarde, para reforzar la importancia de esta conducta. Si se están dirigiendo a nosotras en forma irrespetuosa, démosles una segunda oportunidad: debemos interrumpirlos y pedirles que comiencen nuevamente …. recordémosles que el tono de voz también es parte de decir algo en forma respetuosa.
La cortesía
Si hay una conducta que va en declive abrupto en esta sociedad actual, es la cortesía y los buenos modales. Creo que se ha dejado de enseñar porque es más fácil ignorar o darle al niño lo que quiera para silenciarlo y seguir haciendo lo nuestro. Los buenos modales se aprenden con práctica, práctica y más práctica, y demandan constante consistencia y energía de nosotras. La cortesía va de la mano con el respeto, ya que los buenos modales son parte del respeto que tenemos y demostramos hacia aquellos que nos rodean. Algunos de estos buenos modales que debemos recalcar y en los que debemos insistir en su conducta diaria son:
- Saludar cortésmente. Decir “Hola” haciendo contacto visual con los amigos y adultos. Saludar apropiadamente después de una visita “Gracias por venir” o si está visitando, “Gracias por haberme invitado”.
- Usar títulos apropiados al llamar a los adultos. Dirigirse siempre a un adulto por su título apropiado: Señor, Señora, Don, Doña, Doctor, Maestra… Aprender también a presentar gente nueva.
- Mostrar buenos modales en la mesa. Especialmente cuando están en un restaurante o en la casa de otro: poder esperar a que llegue la comida sin inquietarse o juguetear, no poner los codos sobre la mesa, utilizar correctamente los utensilios, la servilleta, etc… Aprender esto diariamente en su hogar, le ayudará a estar más preparado para ocasiones fuera del hogar.
- No interrumpir, esperar a que alguien termine de hablar antes de decir algo.
- Comportarse correctamente en lugares públicos. Hablar en voz baja respetando el espacio de otros. Ser cortés, sosteniendo la puerta para otros si es el primero en entrar hasta que otro lo haga o su grupo haya entrado.
- Utilizar a diario palabras de cortesía: “Gracias”, “Perdón”, “Permiso”, “Por favor”, etc., deben ser parte de su vocabulario diario.
Cuando un niño se olvida de sus buenos modales, debemos responder consistentemente dejando toda actividad nuestra hasta que cambie su conducta, haciéndole repetir la forma correcta de comportarse hasta que lo haga bien; siempre corregir en el momento que aparezca la mala conducta, no dejarlo estar. Necesitan entender que los buenos modales, la cortesía y el respeto, traen también su propia recompensa, ya que los adultos estarán más dispuestos a ayudarle y será incluido en más actividades si otros saben que pueden contar con su buena conducta. Saber comportarse adecuadamente da confianza al niño, ya que cuando se ve enfrentado con una nueva situación, el niño puede reaccionar actuando de forma inapropiada para llamar la atención, pero al conocer las reglas de etiqueta y respeto sabrá afrontar la situación con aplomo.
Nuestro esfuerzo en ensañarles consistentemente a través también del propio ejemplo, les ayudará a entender la importancia de ser un buen “embajador de Cristo” (2 Co. 5:20), y ser el testimonio abierto que otros pueden leer al ver a alguien que se conduce en forma que agrada a Dios.