LA REVISTA CRISTIANA PARA LA MUJER DE HOY
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Plantas de la Biblia: Gálbano, particular  ingrediente  en celestial composición

Presenta una composición extraña por sus aromas almizclados, y a la vez profunda en su concepto espiritual…

En la lejana Siria (Asia Menor) desde hace siglos crece el gálbano, planta umbelífera de un metro a metro y medio de alto, y con flores amarillo verdosas. De ella es extraída la gomorresina aromática de color gris amarillento. Su olor peculiar, quizás desagradable para algunos, la introduce en el valioso campo de la medicina. Nombrada en latín: GALBANUM, y en hebreo: JELBNAH, siendo su sabor acetoso, algo caliente, fuerte y amargo.

En la medicina doméstica, tiene una propiedad notable para tonificar la matriz; su tintura da buenos resultados en fricciones para reumáticos crónicos, y la misma diluida en agua, es un excelente remedio para fortificar los ojos cansados y débiles.


El último párrafo del capítulo 30 del segundo libro de Moisés, Éxodo, tan rico en enseñanzas, nos presenta una composición extraña por sus aromas almizclados, y a la vez, profunda en su concepto espiritual…»toma especias aromáticas, estacte y uña aromática, y gálbano aromático e incienso puro de todo en igual peso». Y agregaba que cualquiera que tratara de componer algo igual, sería muerto. Dios no quiere la falsificación de la obra del Espíritu; todo debe ser del Espíritu, enteramente y realmente del Espíritu. Además, nada de esto puede ser atribuido a nosotras: “mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente» (1Co.11:14).         

El gálbano, más allá de presentarse como un pequeño arbusto conteniendo toda esa resina con tanta fuerza curable, encierra y nos muestra a la vez en ese sabor desagradable y también aromático, una visión clara de tres aspectos para nuestra persona: lo amargo, que es la carne; lo aromático, para el alma; y lo saludable y fuerte, para el espíritu. Mas sabemos, las creyentes, que únicamente por medio de una vida de comunión habitual con Cristo, podemos gozar de todas estas gracias y dones, llegando a esparcir un buen olor en nuestro entorno. El hombre no regenerado no conoce estas cosas. «Os es necesario nacer otra vez” (Juan 3:7).

Pidamos en oración ser poderosamente atraídas hacia Cristo con el estudio de todos estos hechos, y tendremos así un conocimiento más elevado de Su gloria, de Su belleza, de Su capacidad para curar una conciencia herida y satisfacer los deseos de un corazón sediento. Nuestros ojos y oídos serán cerrados a todos los atractivos, a todas las pretensiones y promesas del mundo, y estaremos dispuestas a pronunciar un «amén» ferviente, como el apóstol Pablo cuando dice:

Mª Cristina Jamarlli

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