LA REVISTA CRISTIANA PARA LA MUJER DE HOY
Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.

Para ti, amiga: Tú eres mi refugio

Cuando acudimos a Dios en busca de ayuda o protección, empezamos a conocerlo como nuestro refugio

Los acontecimientos que suceden en nuestro mundo hoy, los distintos focos de guerras, conflictos bélicos, y de lo cual somos meramente espectadores, parecieran haber tenido un recrudecimiento que nos abruma, nos intranquiliza y nos entristece.

Sean cuales sean las causas de las guerras o las fuerzas en ellas implicadas, los resultados suelen ser los mismos. Los conflictos armados llevan consigo pérdidas atroces de vidas civiles, desplazamientos masivos y violaciones del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos.

Alguna vez leí que las guerras son acontecimientos sociales tan viejos como la historia misma de la humanidad, y la violencia que en ellas se ejerce, provoca el peor espectáculo de deshumanización y sufrimiento humano. 

Uno de los países involucrados en este reciente conflicto, es Israel, un país preparado para la guerra, con uno de los mejores sistemas de defensa del mundo. Hay refugios en todas partes. En cada casa, escuela, lugar público… En las ciudades hay refugios comunitarios. Todo está organizado y preparado con anticipación.

Un refugio es un espacio protegido, es una sala de seguridad reforzada que la ley israelí exige en todos los edificios nuevos. En las casas modernas, estos espacios se llaman mamads, y son habitaciones reforzadas dentro del hogar. Tienen paredes de hormigón armado, puertas herméticas y sistemas de ventilación especiales. En los edificios antiguos o espacios públicos, los búnkers suelen ubicarse en los sótanos o bajo tierra.

En la Biblia, esta palabra “refugio” aparece 65 veces en total, y al menos 37 veces en el libro de Salmos. Y todas ellas se refiere a Dios. El rey David la usó en distintas oportunidades, y de manera especial en el Salmo 57. Este Salmo fue escrito cuando David estaba huyendo de Saúl. Un refugio expresa cuidado, amparo y protección ante peligros y riesgos.

Amiga querida, el Señor es nuestro refugio, es nuestro lugar seguro cuando necesitamos protección de algo. Conocer a Dios como nuestro refugio nos permite confiar en Él. No debemos temer a las situaciones que puedan amenazarnos o intimidarnos, ya sea en un sentido físico o espiritual, porque «Torre fuerte es el nombre del Señor; a él correrá el justo, y será levantado» (Proverbios 18:10).

Una pregunta que, tal vez, pueda surgirte, amiga, es: ¿Cómo hago para que Dios sea mi refugio? Pues simplemente tienes que pedirle que lo sea. David derramó su corazón respecto a lo que estaba pasando en su vida y le pidió a Dios que obrara a su favor. Cuando acudimos a Dios en busca de ayuda o protección, empezamos a conocerlo como nuestro refugio.

Recuerdo que cuando mi hijo era pequeño solía ver unos dibujos animados que se llamaban “Guarida Secreta”; se trataba de un lugar donde los protagonistas, unos niños, se refugiaban y acudían cuando tenían algún problema o situación particular. Parecía que todo se resolvía cuando entraban a ese lugar.

Refugiarse en Dios significa que nos volvemos hacia Él. Es decir, que nos alejamos de refugios falsos, de todas las formas en las que buscamos resolver o escapar de los problemas de la vida. El pensamiento autosuficiente que solemos tener, la idea de que nuestra familia, hermanos, amigos, profesión, dinero… son imbatibles y todopoderosos. En lugar de eso, clamemos a Dios y aferrémonos a esta preciosa promesa del Antiguo Testamento: “El eterno Dios es tu refugio, Y acá abajo los brazos eternos” (Deuteronomio 33:27). Que así sea.

Miriam M. Córdoba de Urquiza

Caminemos Juntas
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.