LA REVISTA CRISTIANA PARA LA MUJER DE HOY
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Música y letra: La cruz excelsa al contemplar

Contemplar la cruz es percibir el inmenso sacrifico de Cristo a favor nuestro, por nuestra salvación

La cruz excelsa al contemplar,
Do el Rey de gloria padeció,
Riquezas quiero despreciar
Y a la soberbia tengo horror.

Mi gloria y mi blasón será
La cruz bendita del Señor.
Y lo que di a la vanidad
Se lo dedico con amor.

Sus manos, su costado y pies,
De sangre manaderos son,
Y las espinas de su sien,
Mi aleve culpa las clavó.

Cual vestidura regia allí
La sangre cubre al Salvador,
Y pues murió Jesús por mí,
Por Él al mundo muero yo.

¿Y qué podré yo darte a Ti
A cambio de tan grande don?
Tú me lo diste todo a mí.
Toma, ¡Señor! mi corazón

Letra: Isaac Watts (1674-1748)
Música: Lowell Mason (1792-1872)
Tr.: W.T.T. Millham (1880-1961)

(Cristo) se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2: 6-8).

Cuando vimos la película “La pasión de Cristo” del director Mel Gibson rodada en 2004, todos nos estremecimos. Sus duras escenas sobre la flagelación, la coronación con espinas clavadas en su frente, las burlas de los soldados y de la chusma, la crucifixión… hicieron que esta película fuera rechazada por un gran número de espectadores, ya que provocaba fuertes emociones.

Sin embargo, algo parecido debió de ocurrir cuando Jesús fue llevado desde Getsemaní, el huerto en el monte de los Olivos, al Calvario. Por más que se quiera representar estéticamente mediante cuadros o esculturas, que no son más que muestras estáticas de este acontecimiento, lo ocurrido ese jueves y viernes, llamados hoy Santos en nuestra cultura, fue de una gran humillación y sufrimiento. Aunque Dios tuviera su propósito para su Hijo y para la humanidad, la forma de llevarlo a cabo nos parece tremenda, incomprensible para el hombre.

“La cruz excelsa” o “La cruz sangrienta”, título de la traducción al castellano del himno original inglés, «When I survey the wondrous cross», fue escrito por Isaac Watts, cuya biografía hemos tratado a raíz de otros himnos comentados anteriormente, ya que escribió el muy conocido “En la cruz” o “Cantad alegres al Señor”.

Este himno, considerado el mejor de los de habla inglesa, ha sido cantado de manera regular en las iglesias tradicionales desde su inicio hasta nuestros días. De este himno dijo John Wesley, artífice del gran avivamiento británico del siglo XVIII, que renunciaría a todos los himnos que él mismo había escrito por haber escrito éste.

Someramente podemos señalar que Isaac Watts nació en Southampton (Inglaterra) en 1674, falleciendo en 1748. Fue el hombre que revolucionó la himnología, por lo que se le conoce como “Padre de la himnología inglesa”, fundamentalmente por decidirse a componer poemas no solo de los salmos, como hasta entonces se hacía, sino de otras partes del Antiguo y del Nuevo Testamento. Las composiciones no eran meras trascripciones de las Escrituras, sino que se vertía el caudal de emociones que las mismas producían, algo novedoso en ese momento. Y cuando escribía sobre un salmo, insistía que debía hacerse bajo la perspectiva del Nuevo Testamento, es decir, si David había escrito un salmo, éste debía verse como si David ya fuera un cristiano, y por tanto imitar el lenguaje del Nuevo Testamento. Escribió más de 750 himnos.

Watts era una persona muy comprometida y fiel a sus ideas. Pertenecía a una familia que no compartía los ideales anglicanos, por lo que fue discriminado en sus estudios y posibilidades de trabajo. Pero, precisamente, el no pertenecer a la mayoría religiosa anglicana, le llevó a mantener sus ideas religiosas y a luchar por ellas, profundizando en el mensaje objetivo doctrinal de las Escrituras y dando importancia al mensaje subjetivo de las emociones que aquellas producían.

Este poema tiene variaciones según los himnarios que se utilicen. Incluso ya el título varía: así en algunos se llama “La cruz sangrienta”, y en otros se titula “La cruz excelsa”. Así mismo, el número las estrofas es cuatro en unos y cinco en otros.

Todo el poema surge de la meditación profunda acerca de la cruz del Gólgota, y en cada estrofa, el autor, en este caso Watts, medita en el dolor físico que se deriva de esta tortura; pero inmediatamente también expresa las consecuencias espirituales de dicha crucifixión.

La palabra “excelsa” significa sublime, elevado, ilustre, eminente, insigne… es lo que el autor cree que simboliza la cruz, donde nada menos que el Rey de gloria padeció. Ya no es un objeto indigno; el Rey de gloria lo ha transformado debido a la función que la cruz va a desempeñar para la humanidad. Este símbolo de tortura se transforma en símbolo de amor, liberación y salvación.

El autor, al contemplar la cruz, reconoce que nada de lo que posee tiene valor ante el sacrificio de Cristo, pareciendo aquí aludir a Gálatas 6:14: “Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”, por lo que todo acto de soberbia que se pueda tener es un acto profundamente reprobable. Desde ese momento, el poeta acepta como símbolo de orgullo la bendita cruz del Señor; todo lo que en su vida ha tenido importancia ahora lo pone a los pies de esa cruz, por amor.

Una mirada más profunda a la cruz le hace visualizar el dolor que Jesús padeció, su sangre vertida por las muchas heridas que recibió: en su costado, en sus manos y pies, por la corona de espinas; y toda esta situación reconoce que ha sido producida por la propia maldad del poeta.

Ahora bien, esta sangre del crucificado se ha convertido en la vestidura de un Rey, del Salvador que dio su vida por él. Ese sacrificio le lleva a considerarse muerto para el mundo. Ante la cruz muere el yo, exclama.

Después de haber meditado en la cruz, se pregunta el autor qué puede hacer en contrapartida, qué puede dar a Cristo como agradecimiento por el don de la salvación recibido. Y, concluye, porque tú me das todo a mí, “toma, ¡Señor! mi corazón”.

La música se basa en un arreglo de un cántico de música gregoriana, llevado a cabo por Lowell Mason (1792-1872), un banquero, educador musical y compositor estadounidense que compuso más de 1600 himnos, algunos de los cuales aún se cantan. Una de sus contribuciones mayores a la educación fue crear la primera Escuela Dominical para niños negros, así como introducir la música en las escuelas públicas de Norteamérica. Fue compositor de una de las melodías, Betania, con la que se canta la muy conocida: “¡Más cerca, oh Dios, de ti!”.

La traducción procede de distintas fuentes según las versiones. En esta versión sabemos que las estrofas 1, 3 y 5 fueron traducidas por W. T.T. Millham (1880-1961), autor y traductor al español de himnos cristianos, que trabajó en Buenos Aires y México a mediados del siglo pasado.

Si meditamos sobre este himno, nosotros podemos asumir, como el poeta, los mismos sentimientos de asombro ante el sacrificio sufrido en la cruz. Podemos sentir la humillación de los insultos, la desnudez ante la multitud, los latigazos dolorosos, las espinas clavadas en su frente, la colocación de los clavos en sus extremidades… y podemos concluir que eso fue hecho por mí y por ti. Fueron nuestros pecados los que le llevaron a la cruz, pero fueron también nuestros pecados los que pudieron ser perdonados a través de esa cruz. ¡Asombroso!

Y como el autor del himno, podemos y debemos preguntarnos: ¿Qué podré darte a cambio de tanto amor?  La respuesta es lo que nos puede abrir el camino hacia la eternidad gloriosa con Cristo.

Mª Luisa Villegas Cuadros

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