LA REVISTA CRISTIANA PARA LA MUJER DE HOY
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Ciudadanos del Reino III

Para el Maestro, las relaciones entre los suyos son valiosas, son delicadas, son importantes…

Las relaciones interpersonales… ese caballo de batalla, esa maravillosa y delicada capacidad que tenemos los seres humanos de establecer hermosos y frágiles (en ocasiones) lazos entre nosotros. ¿Tienes amigos? Tienes un privilegio. ¿Tienes buenos amigos? Tienes un gran privilegio. ¿Tienes buenos amigos de toda la vida? Tienes un tesoro que tienes que cuidar. La forma en la que los seguidores de Jesús, los ciudadanos del Reino, establecemos y cuidamos las relaciones, le importa, y mucho, al Maestro. Por eso habla de ello en Su discurso en el monte.

En la Ley se hablaba del asesinato y sus consecuencias: “Si matas a alguien, serás culpable de romper el sexto mandamiento y tendrás que enfrentar el juicio”. El asesinato es la máxima expresión de una relación rota, pero ninguno de nosotros se ha visto involucrado jamás en algo así, ¿verdad? Según Jesús podemos “ser culpables ante la corte” (Mateo 5:21-22), igual que el asesino, de maneras que pasamos por alto. Para el Maestro, las relaciones entre los suyos son valiosas, son delicadas, son importantes, y lo único que puede acabar con ellas NO es el asesinato.

Era muy posible para un judío echar un vistazo a aquel sexto mandamiento de la Ley y quedar tranquilo: “Yo no he matado nunca a nadie”. Pero Jesús lo sabía, Jesús lo sabe, y va más allá, porque la Ley va más allá en realidad. “Habéis oído que se dijo a los antepasados…” comienza diciendo el Maestro muchas porciones del Sermón, “pero yo os digo…”, sigue diciendo, para llevarnos al fondo del mandamiento, al verdadero corazón. Y es aquí donde Jesús hace una rompedora comparación entre el asesinato, el enojo, el insulto y la maldición. ¿Te has fijado en que todas estas acciones tienen la misma consecuencia? Matas a alguien…eres culpable ante la corte. Te enfadas con alguien, te irritas, te aíras, te indignas… eres culpable ante la corte. Ofendes a alguien con tus palabras o tus acciones, le faltas, le injurias… eres culpable ante la corte. Maldices a alguien, despotricas en su contra, criticas, murmuras… quedas sujeto al juicio del infierno. Son palabras duras, parecen exageradas ¡pero son las palabras de Jesús! Léelas en Mateo 5:22, si te asalta la duda. ¿Queda claro? Para Jesús tu relación con tu hermano es muy, muy importante.

El Maestro espera que los ciudadanos de Su Reino no se tomen este tema a la ligera. Él quiere que tú y yo hagamos un serio autoexamen antes de plantearnos ofrecerle algo a Él. ¿Sabes qué? Él NO quiere nada que venga de mí, si hay desavenencia entre mi hermano y yo. No quiere nada, nada de nada de mí en esas condiciones. Jesús me dice: Si te dispones a presentar una ofrenda, la que sea, y recuerdas que hay alguien que tiene algo contra ti, un conflicto no resuelto, has insultado, has maldecido, te has enojado con alguien, ¡¡párate!! No sigas adelante, deja la ofrenda allí mismo ante el altar y ve a solucionarlo con tu hermano. ¡¡Cuanto antes!! Solo entonces, cuando lo hayas resuelto, puedes volver y seguir por donde ibas. Eso es lo que Jesús busca en Su gente.

Demasiadas veces ofrecemos nuestro servicio al Maestro a sabiendas de que nuestras relaciones con nuestros hermanos no son correctas. Es más fácil dejarse llevar por la “inercia de la vida eclesial”, que hacer frente a la realidad de que tengo cosas que solucionar. Pero Jesús no quiere mi servicio, no quiere mi alabanza, no quiere mi dinero, no quiere mi tiempo… si no soluciono los conflictos con mis hermanos; así de claro lo dijo.

No es fácil, lo reconozco, a mí no me gustan los conflictos y no me gusta enfrentarlos; prefiero esperar a que el tiempo “solucione” las cosas, pero eso no suele pasar. Además, la enseñanza de Jesús no es “esperar a que pase el tiempo”; al contrario, Él dice: Cuando reconozcas que hay un problema, resuélvelo inmediatamente, haz TODO lo que esté en tu mano…

Como ciudadanos del Reino hemos de ser sal y luz en esta tierra, bien visibles, sin escondernos debajo de ninguna canasta. El amor a la Palabra de Dios, tomarla en serio y así enseñarla a otros, tiene que ser nuestra bandera. Y, como hemos visto hoy, nuestras relaciones tienen que fluir, no que no puedan existir los conflictos, sino que haremos lo necesario para resolverlos cuanto antes. Porque nuestra ciudadanía está en los Cielos…

Trini Bernal

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