Nunca amenacemos a nuestros hijos con algo que en realidad no tenemos la intención de llevar a cabo…
En el artículo anterior comenzamos a hablar sobre la necesidad de establecer hábitos espirituales, valores y principios bíblicos necesarios para el crecimiento espiritual de nuestros hijos. La Biblia enseña claramente en contra del engaño y la mentira, comenzando con ser uno de los diez mandamientos (Éxodo 20:16), y en la lista de los seis pecados que aborrece el Señor, aparece dos veces: “la lengua mentirosa” y “el testigo falso que respira calumnias” (Proverbios 6:16-19).
La honradez es uno de los primeros hábitos espirituales que debemos enseñar a nuestros hijos, ya que desde muy pequeño el niño se encuentra tentado a usar la mentira para evitar un castigo o alguna responsabilidad. Aun el niño más pequeño es pronto para acusar a otro, ya sea su hermano, su hermana, el perro, el gato o el amigo invisible, ante la posibilidad de ser retado (de que se le riña). ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a reconocer la importancia de la honradez y lograr que sea un hábito natural en su vida diaria? Consideremos primeramente las …
Causas de la falta de honradez o la mentira:
- En primer lugar, debemos ser totalmente honrados con nuestros hijos. Sabemos bien la importancia de ser nosotros los modelos de aquella conducta que esperamos ver en nuestros hijos, o que queremos que aprendan. A veces, sin pretenderlo, podemos no ser totalmente honrados con nuestros hijos en la forma en que les corregimos, por ejemplo: si le decimos al niño que, si no se apura en arreglarse o en terminar su desayuno, nos vamos a ir sin él, cuando sabemos perfectamente que no podemos dejarlo solo en la casa y tenemos que ir todos juntos… Aquí estamos usando el engaño como instrumento de disciplina y, a su vez, le estamos enseñando a no ser honrado, íntegro. Nunca amenacemos con algo que en realidad no tenemos la intención de llevar a cabo.
- El niño que usa la exageración o la mentira para hacer alarde de sí mismo o jactarse, está demostrando su necesidad de sentirse importante. En este caso, al mismo tiempo que corregimos el uso del engaño, debemos buscar otras áreas en que podamos darle nuestra aprobación, y hemos de alabar consistentemente sus logros. En forma similar, si estamos presionando demasiado a nuestro hijo para que sobresalga, puede utilizar la mentira para no decepcionarnos.
- Hay una etapa en la infancia en que el niño cree en sus propias fantasías, esto es normal y no es mentir; pero si el niño aprendió a llamar la atención con este tipo de “cuentos” puede resultarle más difícil discernir entre lo real y lo fingido. Es importante entonces corregirle y enseñarle a través de juegos, la realidad o la verdad en oposición a la fantasía o el engaño.
Enseñar honradez a la par que corregimos:
- Démosle la posibilidad de “comenzar de nuevo”. Esto permitirá al niño, especialmente al pequeño, corregirse y decir la verdad en vez. Cuando comienzan a decir algo que sospechamos es engañoso, les podemos interrumpir y decir: “Espera, piensa en lo que estás diciendo, recuerda que es importante decir la verdad”. Dejémosle entonces volver a empezar.
- Señalar las consecuencias, indicándole la relación causa-efecto entre la honradez y la falta de ella. Podemos explicarles a través de situaciones reales, historias que leemos (por ej., la fábula del niño que repetidamente grita “El lobo, el lobo…” o la historia bíblica de Jacob y Esaú), cuáles son las consecuencias de los engaños y actos faltos de honradez, y cómo perjudican el presente y aun el futuro de las personas involucradas. Busquemos también situaciones en que se vean claramente los resultados positivos de la honradez.
- Con niños más pequeños podemos utilizar juegos en que aprenden a diferenciar la verdad de lo que no lo es, planteando simples hechos o conductas en que les preguntamos al final: “¿Es verdad o es una mentira?”.
- Con niños mayores podemos analizar situaciones más elaboradas en que los protagonistas tienen la opción de actuar honradamente o no. Podemos incluso compartir nuestras batallas personales en que nos vimos tentados a mentir o no ser honrados, y si cedimos, cuáles fueron las consecuencias; esto les ayudará a abrirse más y ser sinceros con nosotros.
- Cuando el niño ha hecho un hábito de mentir, debemos tomar medidas más estrictas. Tenemos que sentarnos con él y decirle en forma determinante que no vamos a tolerar su uso de la mentira, cualquiera sea su razón. No podrá esquivar responsabilidades, disciplina o tareas usando el engaño, y si lo hace habrá una consecuencia o castigo específico. Necesitaremos que el resto de la familia coopere para que el plan impuesto sea aplicado consistentemente. Evaluaremos regularmente si este hábito de mentir ha disminuido y lo alabaremos cuando diga la verdad en situaciones en que anteriormente hubiera mentido.
- El niño que miente suele sentirse culpable por sus acciones. Para ayudarle, expliquémosle el porqué de esa culpa: al mentir perdemos la confianza que otros tenían en nosotros, y nos dañamos a nosotros mismos porque es un pecado que nos separa de la relación que tenemos con Dios. Guiémosle a orar para confesar ante Dios y pedirle su perdón asegurándole con pasajes bíblicos que Dios no solo le perdonará, sino que esos hechos serán olvidados. Ayudémosle a buscar el perdón de las personas con quienes no han sido honrados, para que nuestros hijos puedan así reconstruir la confianza perdida.
Otras formas de falta de honradez, además de la mentira, son el hacer trampa, o plagiar o copiar al compañero. Si sospechamos que nuestro hijo está haciendo trampa o que sus notas no reflejan la cantidad de estudio en casa, debemos afrontar la situación, y no pasarlo por alto porque nos gusten sus notas o sus logros. Si no le confrontamos, nuestra actitud está aprobando su falta de honradez, y somos parte de ese engaño.
- Lo primero que debemos hacer es reconocer el problema y tratar de ver por qué ha hecho trampa o copiado. Si la causa es pereza, si está buscando la forma más fácil de lograr una nota mejor sin estudiar, copiar le resulta más fácil y debemos confrontar su conducta. La primera consecuencia es buscar que confiese primero a nosotras, luego a Dios y luego tener una conferencia con su profesor o maestra para rehacer aquello que logró por engaño, o someterse a la consecuencia que este crea adecuada. Segundo, establecer una rutina de estudio con horarios fijos en que sus tareas tendrán prioridad antes de cualquier otra distracción.
- Si nuestro hijo usa trampas para ganar por cualquier medio en juegos, perderá el privilegio de participar en esa actividad, si no puede hacerlo honradamente.
- Si la causa de ello es nuestras expectativas demasiado altas que lo llevan a temer nuestro enojo o desaprobación, debemos evaluar nuestra actitud, hacer balance de su capacidad y ser realistas, buscando ser más razonables. Esto no justifica lo que ha hecho, pero le dará parámetros más sensatos y accesibles para futuras pruebas y proyectos. No nos olvidemos de alabar sus esfuerzos y alentarles cuando hacen lo bueno. La alabanza dada honestamente y en dosis consistentes, puede evitar conductas negativas a las que los niños recurren para obtener la atención de sus padres.
En una sociedad en que el fin es más importante que los medios y las “mentiras blancas” son vistas como algo común y no necesariamente malo, es importante que, como representantes de la familia de Dios, enseñemos a nuestros hijos que debemos ser una luz y un ejemplo, “procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor, sino también delante de los hombres” (2ªCo. 8:21). La honradez es aquella fuerza interna que será engendrada si exigimos de nuestros hijos la verdad y un comportamiento íntegro.