LA REVISTA CRISTIANA PARA LA MUJER DE HOY
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Para ti, amiga: Tu mano sobre la mía

Cuando la vida se vuelve dura, difícil y complicada, ¡qué bien que alguien te tome de la mano…!

Recuerdo que, en mi niñez, cuando mi mamá nos llevaba a algún lugar a mis hermanos y a mí, antes de cruzar la calle se detenía, miraba hacia ambos lados, nos tomaba fuerte de la mano y nos cruzaba rápido hacia el otro lado. Todo su deseo e intención de protegernos se concentraba ahí, en ese acto.

Muchos pueden ser los significados de esta acción (que alguien nos tome de la mano), y van desde el afecto y la unión, hasta la confianza y la protección. Cercanía, conexión emocional, refuerzo de un vínculo, apoyo, consuelo, afecto, calma, etc. ¡Cuántas cosas se desprenden de este sencillo gesto!  

Cuando la vida se vuelve dura, difícil y complicada, ¡qué bien sienta que alguien te tome de la mano y te dé palabras de aliento!

Si alguien sabía de esto, es más, era un experto en ello, ese era Jesús. Si leemos detenidamente los evangelios, podemos observar esta actitud amorosa en nuestro Señor de manera continua: Dos ciegos reciben la vista, “…Entonces les tocó los ojos diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho” (Mateo 9:29); Jesús sana a un leproso, “…Entonces extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio” (Lucas 5:13); Jesús lava los pies de sus discípulos, “…y comenzó a lavar los pies de sus discípulos y a enjugarlos con la toalla…” (Juan 13:5); Jesús anda sobre el mar, “…Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo (Pedro); y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento” (Mateo 14: 30 y 31). En este último pasaje quisiera detenerme un poco más.

La mano de Jesús ¡extendida hacia nosotras! Su gracia y rescate dispuestos para nuestra necesidad, cuando fallamos o dudamos (como Pedro); Jesús está ahí para sostenernos y levantarnos. Su mano es símbolo de su poder salvador y de su presencia.

Querida amiga, el Señor siempre estará ahí para rescatarte, no importa cuál sea la situación en la que te encuentres. La fe genuina se prueba en la adversidad, permitiendo superar obstáculos al confiar plenamente en Él. A veces necesitamos salir de nuestra zona de confort para seguir a Dios, y entender que la fe madura se forja en el peligro, no en la ausencia de problemas. En la antigüedad, el rey David expresó:  «En el día que temo, yo en ti confío» (Salmos 56:3). Podemos preguntarnos qué puede faltarle a un rey, rodeado de súbditos, guardias, ejércitos… teniendo todo a su disposición, ¿qué lo puede llenar de temor? Evidentemente, todos tenemos nuestros momentos de vulnerabilidad, de dolor profundo y de angustia.

Ojalá, amiga, tanto tú como yo podamos experimentar la fortaleza y presencia permanente de nuestro Señor, y desde lo profundo de nuestro ser nos hagamos eco de lo que expresara el apóstol Pablo en 2ª Corintios 12:9 y 10: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.

Decide HOY tomarte de la mano de Jesús y caminar cada día confiada junto a Él. ¡Amén!

Miriam M. Córdoba de Urquiza

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