“Todas vuestras cosas sean hechas con amor”
En repetidas ocasiones he podido comprobar la cantidad de cosas maravillosas que encierra la palabra “amor”. En todas sus facetas es una muestra de hermosos sentimientos y, si andamos en amor, veremos que tenemos una fuente inagotable de donde brotan actos positivos y gratificantes.
Es muy lindo recibir amor, pero es sublime brindarlo, porque cada momento en que lo damos, ya sea a un ser querido: esposo, hijos, nietos, padres, hermanos, amigos… o a nuestro prójimo, estamos dando lo mejor de nosotras.
De numerosas maneras nos permite el Señor poner en práctica este principio básico; “Dios es amor” y nos manda que nos amemos los unos a los otros para que, permaneciendo en amor, podamos permanecer en Él.
En todos los momentos de la vida este acto de entrega obra maravillas, pero es quizá en la vejez donde más se manifiesta, cuando aún podemos demostrar que el caudal de amor que encierra nuestro corazón no se agotó. Por el contrario, podemos seguir brindando afecto y ternura a todos los que nos rodean.
Cada vez que puedo dar muestras de cariño me siento bien, pues cada acto de amor me llena de gozo, me da paz y alegría.
Es muy importante ser solidaria con los que necesitan ayuda y, además, al brindarla sentimos la sensación de estar cumpliendo con lo que el Señor demanda de nosotras.
Mencioné que hay múltiples maneras de dar amor y creo que así es. A pesar de nuestros años, aún hay muchas cosas que, hechas en un determinado momento, pueden ser de gran bendición. ¡Cuántas señoras de esta edad de oro tienen la habilidad manual de realizar diversas y hermosas labores! ¡Qué sorpresa podemos dar a nuestros seres queridos si en determinada fecha les obsequiamos algo hecho por nosotras! Ese regalo siempre será bien recibido y valorado. ¡Y esa rica mermelada que muchos han alabado al probarla en nuestra casa! ¡Qué buena idea preparar varios frascos con algún detalle coqueto y ofrecerlos en diversas ocasiones! ¡Y qué decir del postre preferido de nuestros hijos, nietos y tantos otros que amamos!
No es necesario que sea una fecha especial para hacerlo, ya que muchas veces nos enteramos de que alguien necesita consuelo o una palabra de aliento, y una visita oportuna nos permitirá acompañar nuestro apoyo con una atención que será una forma más de demostrar nuestro cariño.
Dar amor brindando nuestro tiempo, escuchando a alguien que necesita volcar su angustia, pena, dolor, o que se siente solo, son diferentes formas de hacer el bien. Muchas veces una llamada telefónica recordando una fecha, o para demostrar interés por la salud de una persona, se convierte en un sencillo pero eficaz acto de amor.
Para mí es muy necesario demostrar el afecto, sin escatimar un abrazo cariñoso, un beso, una caricia, un mimo… que tanto bien hacen al que los recibe, porque se siente amado: “Y andad en amor, como también Cristo nos amó…” (Efesios 5: 2).
La otra manera muy útil y eficaz de ayudar es por medio de la oración. El orar por nuestros seres queridos, amigos y vecinos, y por todo el que lo necesita, es muy agradable a los ojos de Dios, pues la oración intercesora es escuchada por Él y da valiosos frutos. Orar por los otros nos permite ser un instrumento en Sus manos y nos ayuda a crecer espiritualmente.
Dar esperanza, consuelo y apoyo, animarnos unos a otros, sentir piedad y misericordia, afecto fraternal, darnos mutua ayuda… todo eso implica amor y hace posible que demos una muestra de fe y servicio por medio de nuestras obras hechas con un corazón agradecido.
“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1ªCorintios13:13).