Cuando volvemos nuestras miradas hacia el mundo, el corazón sigue a las miradas, y finalmente los pies siguen al corazón
Estas herbáceas, con bulbos escamosos o tunicados, pertenecen al género de las Allium, algo picantes y con fuerte olor.
Recuerda Heródoto el griego, considerado “el padre de la historia”, que los constructores de las pirámides eran alimentados con ellas. Comí cebollas dulces en Egipto, de suave y finísimo gusto, que unidas al Karrat o puerro, fueron cultivadas desde tiempo inmemorial, costándome creer que no se parecían en nada a nuestras cebollas, puerros y ajos americanos.
El cuarto libro de Moisés, Números 11:1-6, nos relata cómo “el pueblo se quejó a oídos de Jehová: y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento. Entonces el pueblo clamó a Moisés y Moisés oró a Jehová, y el fuego se extinguió. Y llamó a aquel lugar TABERAH (incendio) porque el fuego de Jehová se encendió en ellos. Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡quien nos diera a comer carne! Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos”.
Aquí queda al descubierto el pobre corazón humano con todas sus tendencias y gustos. El pueblo suspiraba por la tierra de Egipto, codiciando su carne y sus frutos. Sobre el maltrato de los capataces, y el cansancio en los hornos de ladrillo, hay un completo silencio. Sólo recuerdan los recursos con los cuales los egipcios habían satisfecho sus apetitos carnales.
¡Y vemos a menudo lo mismo con nosotros! Cuando el corazón pierde algo de lo que le da la vida divina, cuando las cosas celestiales empiezan a perder su dulzura para nosotros, cuando se debilita el primer amor, cuando Cristo ya no es para el alma lo mas precioso de todo, cuando la palabra de Dios y la oración pierden su encanto y se convierten en un deber fastidioso, entonces las miradas vuelven hacia el mundo y el corazón sigue a las miradas, y finalmente los pies siguen al corazón.
¿Qué le faltaba a Israel? ¿El alimento celestial no le era suficiente? ¿No podía vivir de lo que la mano de Dios le proporcionaba? Y nosotros también nos preguntamos: ¿Encontramos nuestro “maná” celeste suficiente para nuestra vida? ¿Qué significan esas revistas frívolas abiertas y la Biblia casi siempre cubierta de polvo? Tales hechos nos hablan claro, ¿acaso esto no es despreciar “el maná” para desear y comer los puerros y cebollas de Egipto?
Finalmente, el Salmo 106:15 nos revela los instantes más duros y difíciles de este pueblo: “y él les dio lo que pidieron; mas envió mortandad sobre ellos”. Obtuvieron lo que con tanto ardor habían deseado y encontraron de inmediato la muerte. Quisieron carne, y con ella vino el castigo de Dios.
Pidamos al Señor que mantenga nuestro corazón unido sólo a Él en todo tiempo, y que sea nuestra porción suficiente para nuestra alma mientras atravesamos el desierto de este mundo, y hasta que veamos al final Su gloriosa Faz.