LA REVISTA CRISTIANA PARA LA MUJER DE HOY
Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.

Plantas de la Biblia: Hisopo pascual purificador

… fue el anticoagulante que, movido en el lebrillo con la sangre del cordero, mantuvo líquido y puro el precioso don de la vida

Solo el Señor puede hacer “diferencia” entre aquellos que son suyos y los que no lo son. 

“Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana.

Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir” (Éxodo 12: 22 y 23).

Observo el andar manso y entregado de algunos corderos en mano de sus sacrificadores. No ofrecen resistencia. Alimentarán a más de un centenar de hermanos en las esperadas y bendecidas conferencias del altiplano jujeño. De pronto, la sangre corre, pero, en segundos, al contacto con el aire, se espesa. Me pregunto por el tiempo empleado en pintar los dinteles israelitas y es entonces cómo las características de esta herbácea sencilla, surgen significativamente en la escena pascual.

El hisopo, del hebreo “esób” y del latín “hyssópus”, de la familia de las tubiflorales labiadas, con tallos cuadrangulares, hojas lineales y lanceoladas cubiertas de una vellosidad secretora de aceites aromáticos, útiles en medicina y perfumería, de azuladas flores, rara vez blancas o rosadas, fue el anticoagulante que, movido en el lebrillo con la sangre del cordero, mantuvo líquido y puro el precioso don de la vida.

El israelita protegido por el rociamiento de la sangre, nos enseña una lección profunda para aquellos que se ocupan más de su fe y de sus sentimientos que de la sangre de Cristo y de la palabra de Dios, es decir, miran solo dentro de ellos en lugar de mirar afuera, solo a Cristo. El pueblo hebreo no fue salvo por el valor que le dio a la sangre, sino simplemente por la sangre misma que con todo su valor y su eficacia divina, había sido puesta delante de Israel.

“Purifícame con hisopo, y seré limpio”, clama el salmista con arrepentimiento (Sal.51:7)

“Veré la sangre, y pasaré de vosotros”. Era absolutamente necesario, sin duda alguna, que el cordero fuese sin defecto, para que pudiese soportar la mirada santa de Jehová. Pero si la sangre no hubiese sido derramada, Jehová no habría podido pasar de su pueblo sin herirlo, porque Hebreos 9:22 declara “y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión”.

Sólo por la sangre de Cristo obtenemos la paz, la perfecta justificación, y la justicia divina: Él es quien purifica nuestras conciencias, quien nos introduce en el Lugar Santísimo, quien posibilita que Dios sea el justo, a la vez que revive al pecador que cree, y quien nos da derecho a todos los goces, a todos los honores y a todas las glorias del cielo.

Nada debía ser añadido a la sangre puesta sobre el dintel, y tampoco nada más hay que añadir a la sangre puesta sobre el propiciatorio. Ella salvó a los israelitas de la muerte, introduciéndoles en una nueva escena de vida, de luz y de paz, formando así el lazo de unión entre Dios y su pueblo redimido.

En esta Pascua, y todos los días, ¡sé con nosotros, amado Jesús! y en el silencio de nuestro corazón, déjanos oír la voz de tu amor.

Mª Cristina Jamarlli

Caminemos Juntas
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.