LA REVISTA CRISTIANA PARA LA MUJER DE HOY
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La edad de oro: Mi rostro en el espejo

Al practicar la obediencia evitamos deformaciones de conducta y vamos purificando nuestras almas para la honra del Señor, pues obedecerlo es amarlo…

En diversas circunstancias de nuestra vida nos ha sucedido equivocarnos por no ver con claridad y certeza la realidad de un hecho. Voy a tratar de explicar a qué me refiero. Supongamos que el proceder de un ser querido, en determinado momento, nos produce desilusión, desencanto y dolor, pues nos sentimos heridas. En ese momento, quizá un poco ofuscadas, llegamos a obrar apresuradamente y juzgamos mal. Sin embargo, pasado un tiempo, corto o largo, reflexionando, analizando y escuchando a la otra parte, comprendemos que habíamos distorsionado una realidad, y que el hecho no era tal como creíamos. Y es que en la vida debemos enfrentarnos a muchos “espejos” que no nos van a mostrar nunca la exacta imagen que quisiéramos ver.

Días pasados surgieron en mí todas estas reflexiones al contemplar mi rostro en un espejo que tengo en una pared de la sala de estar. Me detuve y observé con cierto asombro mi expresión. Había estado enferma, aún no me sentía totalmente restablecida y el espejo me devolvió una imagen algo desalentadora. Más tarde, al pasar frente a otro espejo de mi casa, me observé y no tuve la misma percepción anterior. Mi rostro era el mismo, pero los espejos eran diferentes y las imágenes también. Uno distorsionaba un poco y el otro reflejaba con más exactitud lo que yo observaba, pero en ninguno de los dos me vi como soy.

Fue ahí cuando surgieron en mi mente ideas que me llevaron a hacer un paralelo entre lo que podemos ver en un espejo y lo que es la certera y genuina realidad; entre cómo vemos a Dios, cómo imaginamos esa presencia divina, y lo que veremos al dejar este mundo.

Comprendí lo limitada que es nuestra percepción y lo incompleta, distorsionada o quizá diferente la idea que tenemos en nuestra vida terrenal de algo tan trascendente. Se me aclaró en ese instante el verdadero significado de 1 Co.13:12, que dice: “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido”.

Al leer este versículo comencé a deducir que al igual que cuando vemos nuestra imagen en un espejo ésta no es el fiel reflejo de la realidad, ya sea porque la vemos invertida o porque el espejo tiene imperfecciones, así tampoco podemos ver con exactitud la gloria de Dios. Siempre veremos parcialmente su gloria hasta el día en que el Señor nos llame a su presencia y podamos verla tal cual es: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Co. 3:18).

Existe en la Biblia una palabra que es un motor para la vida y nos permite ir creciendo y conociendo más a Dios. Esa palabra es “obediencia”, y al practicarla evitamos deformaciones de conducta y vamos purificando nuestras almas para la honra del Señor, pues obedecerlo es amarlo; “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1Jn.3:2,3).

Ivone Guétat

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