Debemos enfocar nuestras peticiones en las cosas que realmente son importantes
Introducción:
Después de los saludos preliminares de Pablo a la iglesia en Filipos, y como parte de éstos, nos introducimos en su oración por esta amada iglesia, destacando algunas lecciones prácticas y necesarias para la iglesia hoy, que esperamos contribuirán al enriquecimiento de las relaciones interpersonales como pueblo de Dios, llamados a testificar al mundo acerca de Su amor y de Su poder para salvar y cambiar vidas.
Analizaremos la oración en dos partes:
- La acción de gracias y sus motivaciones, 1: 3 – 8.
- La petición y su propósito, 1: 9 – 11.
A.1. En los versículos 3 y 4, Pablo alaba y da gracias a Dios por sus amados hermanos y discípulos en Filipos, a los cuales no veía desde aproximadamente hacía nueve años, pero cuyo recuerdo mantenía fresco en su mente y en su corazón.
En estos dos textos destacan cuatro frases muy significativas:
- “Doy gracias a mi Dios…”
Esta forma tan personal de dirigirse a Dios indica:
a.Un conocimiento íntimo del Padre.
b. La práctica habitual de una comunión íntima y personal con la primera persona de la Trinidad
Dios es Dios de todos, pero, a la vez, desea ser conocido como un Dios personal y mantener íntima comunión con cada uno de sus hijos.
- “Siempre que me acuerdo de vosotros”.
La palabra “siempre” repetida dos veces, enfatiza la fidelidad, la perseverancia y el interés del apóstol por el bienestar espiritual de los creyentes en Filipos.
- “… Rogando con gozo…”
El gozo es un ingrediente clave en la vida del cristiano que se sabe amparado por Dios. Pablo lo pone de manifiesto a lo largo de esta epístola y, en este punto, al dar gracias por los amados creyentes a quienes se sentía ligado en el amor de Cristo y en la causa del evangelio.
- “… Por todos vosotros…”
Pablo no excluye a ninguno. En su oración recuerda e intercede por cada uno de sus discípulos, y lo hace con gozo.
No siempre resulta fácil orar por algunas personas, pero es algo que debemos hacer asiduamente, y no nos será difícil hallar motivos para hacerlo con gozo, si nos acostumbramos a verlos con los ojos del Padre, quien no hace acepción de personas.
A.2. La motivación de la alabanza, versos 6 y 7.
- “Por vuestra comunión en el evangelio”.
La participación de los filipenses en el ministerio del apóstol, y la preocupación por sus circunstancias y necesidades, se hacen patentes en las palabras de Pablo al final de su carta: 4:10, 16, y 2:25, 30.
- Asimismo destaca la gratitud de Pablo en el v.6.
Por la fidelidad de Dios:
- En el proceso de salvación.
- En el desarrollo de la santificación
La seguridad de que tanto la salvación como su desarrollo dependen de Dios, produce gozo en el corazón de Pablo. Éste debe ser un especial motivo de alabanza en la vida del creyente.
A.3. El corazón del apóstol, versos 7 y 8.
“…Me es justo sentir esto de vosotros…”.
Para Pablo sería injusto e incorrecto cualquier otra forma de sentir y de pensar hacia los filipenses; sería ofender a Dios, quien nos ha incorporado a la misma familia y nos ha dado un mismo amor. Por eso expone dos razones poderosas por las cuales él tiene un justo sentir y forma de pensar hacia sus hermanos.
- “Por cuanto os tengo en el corazón”.
Su amor no lo enfriaba el tiempo ni lo mermaba la distancia. Era algo más que un mero sentimiento: incluía el deseo, la voluntad y la preocupación por su bienestar espiritual.
- “En mis prisiones y en la defensa y confirmación del evangelio”.
Pablo estaba tan unido a los creyentes de Filipos que llega a considerarlos como parte de sí mismo en su lucha por la defensa y esparcimiento del evangelio: “Porque todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia”.
De una forma real, y en tres frentes diferentes, ellos eran copartícipes de su ministerio:
- Orando, v. 19.
- Sufriendo por su fe, vv. 27, 30.
- Aportando generosamente para sus necesidades, 4:8.
- La fuerza del amor de Pablo, v. 8.
- “…Dios me es testigo…”. No puede apelar a otro mayor que autentifique su sentir.
- . “De cómo os amo a todos vosotros…”. Este amor revela su profundo deseo de ver de nuevo el rostro de sus queridos condiscípulos.
- “Con el entrañable amor de Jesucristo”. No hay otro amor mayor, ni más fiel, ni más sincero y desinteresado. Este amor no proviene de la naturaleza humana, sino que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, y fluye de forma natural hacia otros.
Es éste el amor que debe caracterizar a los creyentes. Jn. 13:35.
B.1. La petición de Pablo, verso 9.
“…que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento”.
- Pablo desea que el amor de los filipenses siga creciendo, que no se detenga. Para ello debe haber un proceso continuo en el conocimiento de la Palabra de Dios, por medio de:
- La lectura diaria.
- El estudio sistemático y regular.
- La meditación en oración íntima con Dios.
- Una firme determinación a obedecer los principios en ella establecidos y sus demandas morales.
- La palabra “conocimiento” puede traducirse como “discernimiento”, que incluye la capacidad de aplicar correctamente la doctrina bíblica en cada situación y área en la vida diaria.
B.2. El propósito de la petición, versos 10,11.
- «Para que aprobéis lo mejor”.
Aprobar lo mejor en palabras del apóstol, requiere “examinadlo todo y retened lo bueno” 1ª Ts. 5:21.
La expresión “lo mejor” significa “las cosas que son diferentes”. Se refiere no a distinguir entre lo bueno y lo malo, ni lo blanco de lo negro, sino discernir entre dos cosas que parecen iguales y de similar valor.
- “… A fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo”.
La palabra “sinceros” sugiere algo que se mantiene puro, que no ha sido contaminado, especialmente en el aspecto moral.
- “Irreprensibles”.
Los filipenses debían ser a la vez que sinceros, irreprensibles, “sin ofensa”, “libres de culpa”. Tal vez Pablo estaba recordando sus propias palabras dichas en su defensa ante Félix en Hechos 24:16.
- “Para el día de Cristo”.
El incentivo mayor para vivir en santidad ha de ser:
- El amor de Cristo por nosotros.
- Su sacrificio para salvarnos de la condenación.
- El hecho cierto de que un día hemos de comparecer ante su trono para que nuestras obras sean juzgadas por Él, y cada uno reciba la recompensa que su fidelidad y obediencia a Cristo merezca. 2ª Co. 5:10.
- “Llenos de frutos de justicia…” v.11.
Al creer en Cristo, al creyente le es aplicada la justicia de Cristo, y, por ella, alcanza la posición de justo delante de Dios. Esto sucede una vez para siempre.
La palabra “llenos” indica que la acción de llenar ha sido completada por Dios mismo, y que los resultados continúan. Por ello, para el creyente, dar fruto ha de ser algo natural.
“Fruto de justicia” es la acción que lleva a cabo el Espíritu Santo en la vida del cristiano que vive comprometido con su Señor, y que es consecuente con la enseñanza de la Palabra.
- “Por medio de Jesucristo”.
Todo lo que el ser humano produce por naturaleza no agrada a Dios, pues está manchado por el pecado, Is. 64:6. Por ello, Pablo aclara que esta “justicia” es por medio de Jesucristo, quien justifica a todo aquel que reconociéndose pecador se arrepiente de sus pecados y recibe a Cristo como su salvador.
Dios es el agente principal tanto de la salvación como del proceso de santificación. Él es objeto de la gloria y alabanza de sus hijos, por medio de Jesucristo.
Necesitamos aprender:
- A enfocar nuestras peticiones en las cosas que realmente son importantes.
- A interceder unos por otros, y especialmente por los que igual que Pablo están en la línea de fuego del enemigo.