Los avances en el conocimiento científico del Genoma Humano han mostrado la imposibilidad de la evolución del hombre a partir del chimpancé
Todos nosotros sabemos qué es y para qué sirve una receta de cocina. Una receta de cocina es una lista de instrucciones que seguimos para preparar un plato.
En nuestra vida cotidiana frecuentemente utilizamos listas de instrucciones para cocinar, construir o ensamblar algo. Por ejemplo, cuando compramos un mueble desmontado adquirimos las piezas y un manual que contiene las instrucciones a seguir para ensamblar dicho mueble.
Los biólogos han descubierto que el cuerpo de los seres vivos se forma siguiendo unas instrucciones escritas en nuestras células. Ese manual de instrucciones se llama GENOMA. El genoma es una larga cadena de moléculas que funcionan como las letras de un manual de instrucciones.
Cada especie posee un genoma diferente.
La ciencia del siglo XX ha hecho grandes avances en el conocimiento del GENOMA HUMANO. En este artículo vamos a examinar lo que la ciencia ha aprendido en relación con el genoma humano y su origen.
GENÉTICA DE POBLACIONES
Charles Darwin, en su libro «El Origen del Hombre» (1871), postuló que el ser humano desciende de una raza de animales similar a los simios.
Según su hipótesis, nuestros antepasados cuadrúpedos se transformaron lentamente en hombres a lo largo de muchas generaciones mediante la acumulación de numerosos pequeños cambios sucesivos.
Los evolucionistas actuales creen que este proceso duró alrededor de 6 millones de años. Pero…
¿Cuántos pequeños cambios se requieren para transformar al simio en humano?
¿A qué velocidad ocurrieron estos cambios?
¿Pudo la evolución transformar los simios en hombres en tan solo 6 millones de años?
Los primeros discípulos de Darwin, entre ellos el genetista J.B.S. Haldane, se propusieron responder a estas preguntas.
Para estudiar el tiempo que la hipotética evolución darwinista habría necesitado para crear una nueva especie, desarrollaron una disciplina científica llamada Genética de Poblaciones.
Muy pronto se hizo evidente que la evolución sólo podría ocurrir a una velocidad realista en una población que tuviera cientos de millones de individuos que se reprodujeran muy rápidamente, como por ejemplo los virus o las bacterias.
Sin embargo, en poblaciones de organismos más pequeñas y con menos rapidez de reproducción, como los simios, la evolución darwinista no puede avanzar a una velocidad adecuada.
Según los cálculos de los evolucionistas, la transformación de simio en humano habría sido muchísimo más lenta de lo que Darwin imaginaba.
Haldane se dio cuenta de que, en los organismos de larga vida como el hombre, se requieren 6 millones de años para que ocurran 1.000 cambios beneficiosos.
Eso implica que las diferencias que separan al hombre del simio no pueden haber surgido por evolución.
Esta constatación se conoce como «el problema del tiempo de espera» o «el dilema de Haldane».
GENOMA HUMANO
Las instrucciones para la formación de los seres vivos están escritas en una larga cadena de moléculas denominada ADN.
El ADN contiene las instrucciones para la fabricación de las proteínas, y las proteínas son las que llevan a cabo la mayoría de las funciones de la célula.
Pero en los años 60 quedó patente que, en el hombre, únicamente el 2% de ADN era usado para fabricar proteínas.
¿Qué función cumplía el otro 98%?
La mayoría de los evolucionistas dieron por sentado que el 98% restante era basura inútil. Al mismo tiempo presentaron esa “basura” como prueba de la evolución. Algunos propusieron que el ADN basura era una especie de registro fósil molecular en el que podría leerse la historia evolutiva de los organismos vivos.
Para poder estudiar el resto del genoma humano, la ciencia tenía primero que secuenciarlo. Secuenciar aquí significa escribir una tras otras todas las “letras” (3.200 millones) que forman el genoma humano.
Una vez conocida la secuencia del genoma, el siguiente paso consistió en estudiar ese 98%, para ver si verdaderamente era basura, como decían los evolucionistas, o si en realidad tenía alguna función.
El Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano de Estados Unidos lanzó un proyecto llamado ENCODE (Enciclopedia de elementos del ADN) que tiene como objetivo identificar todos los elementos funcionales en el genoma humano, incluyendo el denominado ADN basura.
Los resultados de este proyecto se van conociendo poco a poco, pero ya está claro que la mayor parte del ADN que los evolucionistas denominaron basura no lo es, sino que contiene información funcional.
EL GENOMA DEL CHIMPANCÉ
Tras la secuenciación del genoma humano, los científicos empezaron a secuenciar los genomas de otras especies. Uno de los genomas más esperados por los evolucionistas era el genoma del chimpancé.
Las primeras estimaciones apuntaban a que el genoma del chimpancé y el del hombre coinciden en un 98,5 %. Pero para llegar a esa cifra, los evolucionistas no tuvieron en cuenta ciertas partes del genoma que son completamente diferentes. Otros cálculos han arrojado cifras en torno al 80% e incluso 70 %.
Una vez constatada la similitud entre los genomas del chimpancé y del hombre, la siguiente pregunta era obvia: ¿Es la similitud genética el resultado de la evolución darwinista?
Imaginemos por un momento que el genoma del chimpancé y el genoma humano difieren en un 5%.
Eso significa que tenemos 150 millones de letras distintas.
Si consideramos que, según la Genética de Poblaciones, se requieren 6 millones de años para conseguir 1.000 cambios, entonces, para conseguir 150 millones de cambios harían falta 900.000 millones de años, un tiempo muchísimo mayor que la supuesta edad del universo.
CONCLUSIÓN
Vemos, pues, que los avances en el conocimiento científico del Genoma Humano han mostrado la imposibilidad de la evolución del hombre a partir del chimpancé.
En primer lugar, la Genética de Poblaciones muestra que es imposible la transformación de simios en humanos en el corto tiempo que la teoría de la evolución requiere; 6 millones de años.
En segundo lugar, el Proyecto Genoma Humano y el Proyecto ENCODE nos han mostrado que, en contra de lo predicho por los evolucionistas, no existe apenas ADN basura en el genoma humano.
En tercer lugar, la diferencia entre el genoma humano y el del chimpancé, aunque parezca muy pequeña en términos porcentuales, en realidad es muy alta: aproximadamente 150 millones de letras.
El ser humano es genéticamente muy diferente de los animales, y esta diferencia no puede ser el resultado de procesos naturales como la evolución.
Los descubrimientos científicos indican que la mejor explicación del origen del hombre sigue siendo el primer capítulo del libro del Génesis:
«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó».