Elixir buscado… guardado en lo profundo del leño fuerte de cada ser que le busca, le sirve y le ama
Leños y más leños… La botánica los clasifica como agalocha excoecaria y aquilaria, y, luego, abundantes nombres como: leño de CALAMBAC, de GAZO, de KILUM, de AGOLOCO, de ASPaLATO; regiones en la Arabia, Indias Orientales, costas de Siria, etc. Leños que fueron apreciados en la antigüedad. Su dura madera, el color pardo oscuro y la característica de no ser todo almacenador de la resina olorosa, hace que, al quebrarse, su madera deje al descubierto los tramos con la preciada substancia. Estos son enterrados en un trozo, dejando al aire el más cargado para su particular tarea de esparcir perfume.
No fue común en el milenario comercio fenicio del Mediterráneo hasta el tiempo de las Cruzadas, en la Edad Media. En toda Europa se le consideraba como medicinal, mientras que ahora se usa casi únicamente en el Asia Oriental, en perfumería y terapéutica.
En el Libro de los Números, cuarto del Pentateuco, Balaam, el profeta madianita, fue contratado por un rey corrupto para maldecir a Israel, pero Dios le empujó a bendecir, en su eterno propósito de proteger a Su pueblo.
“¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob,
tus habitaciones, oh Israel!
Como arroyos están extendidas,
como huertos junto al río,
como áloes plantados por Jehová...” (Nm. 24:5,6)
Perfumada poesía de intenso realismo, y parábola veraz del pueblo plantado como olorosos áloes.
Balac y Balaam hubiesen encontrado abundantes motivos de maldición, si se hubiese tratado de la conducta del pueblo de Israel; mas sea loado EL ETERNO, porque sobre lo que ÉL hizo subsiste su pueblo; esta verdad es tan inconmovible como el trono de Dios.
Para la visión del OMNIPOTENTE, esas tiendas eran hermosas, y a los hijos de Dios, mirados desde las alturas, se los vería revestidos de la belleza de Cristo, perfectos en ÉL, aceptados en el BIEN AMADO, más allá de sus manchas, sus defectos, sus flaquezas y caídas… Con frescura de arroyos, con tiernos huertos y aroma profundo de áloes y cedros, se nos presenta ese pueblo, disfrutando de las antiguas fuentes de la gracia y del ministerio viviente que está en Dios.
Israel, siendo bendecido por Dios, no podía ser maldecido por nadie; y hasta hoy, y por siempre…
El Nuevo Testamento nos acerca nuevamente ese aroma especial con el hombre que en las sombras buscó a Jesús, el que no comprendía el milagro del nuevo nacimiento, Nicodemo; sellado en su interior por el Maestro, se une al discípulo secreto José de Arimatea, para cubrir con el precioso compuesto de áloes y otras especias, el cuerpo del Señor, cumpliendo de este modo la ancestral costumbre judaica (Juan 19:39).
Finalmente, el áloe de Cantares 4:14: “Con todas las principales especias aromáticas”, nos baña hasta colmarnos del perfume con que nuestro Amado goza ante los olores que exhalan de ella, su amada Iglesia… Elixir buscado, derramado, único, que nos convierte en algo diferente y sólo elaborado y guardado en lo profundo del leño fuerte de cada ser que le busca, le sirve y le ama.
Según pasen los años, hasta ir a sus preciosos brazos, que nuestro leño interior almacene perfumes suficientes que justifiquen el habernos elegido.